Me robaron ¿Me robaron?

IMG_20170908_000333
 

El martes casi caigo en una de las tantas trampas del diseño emocional del merchdalbian.
Dos hombres, suficientemente enormes como para hacerme un daño considerable, ingresaron con llave, a un edificio que tiene 2 cámaras (sabiendo que las cámaras están ahí, y sin importarle que las cámaras les tomaban las caras).

En horario diurno, y absolutamente poco frecuente para mí, bajé por el ascensor, un edificio antiguo, con uno de esos ascensores pequeños. Antes de que pudiera descender, uno de ellos me atropelló e impidió que saliera del sitio. Por un segundo, pensé que se trataba de gente mal educada, de esa que usualmente no te deja bajar del subte y quiere, contra las leyes físicas, subir antes de que bajes (pobre Arquímedes). Pero al ver que no cedían ante mi impulso y resistencia y que me metían para adentro, inmediatamente supuse lo que seguía.

Una vez dentro, como comencé a gritar, me mostraron un arma. No sé nada de armas. Pero sí lo suficiente para darme cuenta que se trataba de una automática, que estaba dentro de un bolso de mano, que abrieron y me mostraron, y que pesaba el bolso lo suficiente como para entender que no era una réplica de juguete. La diferencia entre adentro del bolso y en la mano o el bolsillo es la diferencia entre portación y tenencia, es un dato muy preciso judicial.

Con una tranquilidad extrema que ambas partes mantuvimos en todo momento me dijeron que les dé todo y que fuéramos a mi departamento. Aprendí en defensa personal que cualquier cosa menos adentro. No accedí. Dije que no estaba sola. No lo estaba, de hecho, no suelo estarlo. Imaginaron, probablemente, hijos. Dije soy discapacitada, lo cual es cierto, ahí tenés el carnet, podés ver que no te miento, no tengo más que el dinero ese, 700 pesos, llevátelos, pero devolveme los documentos porque me hacés un mal si te los llevás. El que daba las órdenes, de chaleco tipo sindical con escudito y todo (no logré ver el logo, probablemente un disfraz, supongo que nadie es tan imbécil como ir a cometer un ilícito con la insignia de su sindicato), se quebró y logré percibir cómo las manos le temblaban. Se conoce que si era yo a quién venían a buscar no resulté ser lo que esperaba. Suele pasar. Si las gestiones y sus mulos saben dónde tocar, una también debe saber.

Sin más, con 700 pesos, sin hacerme ningún daño, me pidieron que suba, cosa que hice. De hecho subí un piso más para que el ascensor no marque mi piso. No hubo ni insultos, ni agresión verbal, ni gritos, ni escándalos, ni manoseos, ni golpes, ni insistencia en subir a mi domicilio ni por saber mi departamento. Duró todo literalmente 2 minutos. Casi 3. (está todo filmado).

¿Realmente dos tipos completamente en sus cabales, con la impunidad de ingresar a plena luz del día con llave a un edificio con una automática en un bolso se van solo con 700 pesos en el bolsillo?

Más que un robo, como me dijo una vieja y admirada profesora mía a quién consulté, pareció un gesto. La mímica de un atraco, la imitación de un ladrón o lo que un atraco y un ladrón se nos dice deberían ser si realmente te animás en estos tiempos a andar con un arma en el bolso y a entrar sin mayores recaudos a un edificio con la llave a plena luz del día con casi dos policías por cuadra. No sé si me explico….

Probablemente no tenga ninguna relación. Unas semanas antes me han llamado a mi domicilio desde un mensaje robot para invitarme a participar en un programa de participación vecinal contra la inseguridad, previo registro, en la comisaría de mi barrio. Consultando, no fui la única, andan llamando.

Es casi una cuestión de marketing. Para generar una demanda, primero hay que generar un deseo, una necesidad. Apelar a los elementos más atroces instalados como dardos dentro de una: buscar a los culpables, encontrar el chivo expiatorio, en lo posible que sean personas que no pertenezcan a los proceso de gentrificación, jugar al detective, o algo peor, linchar. Si no te acechás fuerte, empezás a pensar bajo esas lógicas, por 700 pesos. Ojo, no es poco dinero para mí pero el billete, como me dijo una amiga, no es todo.
Me rehúso a creer que es algo personal. Tal vez todo lo personal sea político. Pero no todo lo político es personal. Prefiero hacer una cuestión personal de la ausencia de problema. Dos tipos entran con llave y armados a la 1 del mediodía a nuestro edificio y lo único que se nos ocurre como comunidad es callar, encontrar responsables, hacer denuncias en las dependencias estatales que ya sea gestionan los ilegalismos (esto me lo dijo Michel Foucault), ya sea no demuestran ningún interés incluso ante cuestiones muchísimo más graves como es la desaparición de pibes o las violaciones seguidas de femicidio de pibas. ¿Para qué?

Nadie pensó medidas colectivas de auto-cuidado, o incluso la inutilidad de esas cámaras que nos controlan más a nosotras que a otras personas puesto que pese a las mismas entraron como quien dice como panchos por su casa. Por la tarde, fui a la ferretería a 2 cuadras de casa, con una amiga, y en la vereda me arreglaron en grupo el changuito, por supuesto, no me cobraron, ni nadie nos robó. Acá sigue siendo un barrio, mal que le pese a la gentrificación.

Ignoro si volverán, si fue hacia mí (la relevancia es tentadora hasta en estos casos), lo que sí sé es:
1. que esto no es lo que yo entiendo por un robo en banda a mano armada. Y si esto es, y así son, los robos en banda, la verdad, muchachos, puedo compartir 700 pesos con dudas, lo digo sinceramente.
2. que si lo que quieren es infundir la sensación de inseguridad o pánico este ingrato momento no es suficientemente, lo único que evidencia es la degradación comunitaria y la extensión de la ausencia.
3. que este desgraciado hecho responde más a una operación, una suerte de diseño emocional que abarca el espectro de hay que ubicar a los culpables hasta no estoy segura ni en mi “propio” edificio pasando por mejor no salir y desconfiar de todo el mundo excepto de los supuestos mecanismos de seguridad que se nos propone (botones antipánico, cámaras de seguridad, guardias, custodias, militarización extrema, confiar en quienes históricamente nos han torturado y asesinado -no, no es un trabajo formar parte de las fuerzas represivas, aunque lo digan operadoras mediáticas postporn cool divas casi bellísimas-).
4. para apretada o extorsión fue nula, de todas las personas a las cuales supongo les calzo incómoda no me figuro quién quisiera que me tranquilice enviándome dos señores enormes a que me saquen 700 pesos sin producirme un hematoma.
5. que si lo hago público más bien tendrá que ver con el hecho de que si no vuelvo, no me esperen. La visibilidad no protegió ni a Walsh ni a Conti. No quiero ser museo. Hoy es la era donde si faltamos todo el mundo se entera al toque. O al menos existe la posibilidad de que eso ocurra y a eso estoy apelando.

 

Frente a lo que se me propone, entonces, voy a bajar por la escalera, dejar de usar el ascensor, salir con menos dinero, o gastármelo cuando lo tenga (ese dinero quedó en mi billetera, que íntegra me devolvieron, por no gastarme los pesos en un libro nuevo de Deleuze, de lo cual me arrepiento) y no hacer mucho más nada.
También es cierto que si se hubieran empecinado en ingresar a mi muy humilde domicilio (excepto por los libros, hasta la compu es vieja) también mi reacción habría sido bien otra, porque entiendo que hoy las violaciones van seguidas de muerte. Y como dijo mi vieja profe en cuyo ethos tanto confío, no porque concordemos, sino justamente por lo contrario: “Prefiero no vivir pendiente de cosas como esas que pueden formar parte de una cotidianidad degradada y no de un complot. Quizás me equivoco, pero esa es mi estrategia: como durante la dictadura, nunca pienso con el miedo como sentimiento, porque no ayuda a pensar. Claro, corro el riesgo del error, pero no corro el riesgo de seguir un complot, si es que existe, que pretende que uno tenga miedo.” Y no porque crea que lo que pasó no reviste la menor importancia sino porque me rehúso a ser parte de sus estrategias de diseño emocional, prefiero no hacerlo. No tengo nada que denunciar. No voy a jugar el juego que me proponen. Uds son tan ladrones como yo competidora profesional para la UFC. Acá pasó otra cosa, aunque me hayan robado. Uds lo saben y yo lo sé. No nos dejemos melonear.
……………………………………..
“No somos técnicos ni profesionales pero tampoco militantes, no hacemos política, no somos educadores populares, no creemos en la igualdad futura, no nos importa. No tenemos expectativas, no sabemos. Ya no aspiramos a resolver la compleja problemática. No transformamos la realidad, … Carecemos de ética militante, de moral. No juzgamos, no ofrecemos redención…” (Pura suerte. Barrilete Cósmico)

Anuncios