Balthus en el Met y la censura de la corrección

Mi madre ponía en la habitación que yo compartía con mi hermano 4 años mayor pinturas de Kandisky que ella misma montaba sobre planchas de telgopor tras copiarlas con no sé que técnica pero ella sabía. No sé porque el amigo Wassaly le parecía una buena decoración para el cuarto de su hija e hijo; pero me llevaba bien con esas imágenes azulinas y abstractas. A simple vista, habrá quien mire esos cuadros y no vea nada, garabatos infantiles, quizás. Habrá quien vea otras cosas.

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Recientemente, se armó alta controversia en el MET de N.Y. porque un grupúsculo de moralistas pidieron que se retirara el cuadro de Balthus, Therese Dreaming, por su “contenido sexual” y “sexualización de la infancia” en un momento álgido, según las personas firmantes, del contexto de EE. UU. acerca del abuso sexual.

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En apariencia, seguimos con la idea largamente extendida de que ver una imagen, por ejemplo en un museo o en una película, redunda de manera mecánica y directa en un deseo irrefrenable de imitar y repetir lo visto, donde -sin negar yo el carácter modelizante y semiótico de las imágenes audiovisuales, pictóricas o los textos de ficción- un hecho artístico, a falta de mejor terminología (ya saben, no me dedico a esto) alienta, estimula y propone lo más desagradable que un hombre puede llegar a hacer: violar, violar a una joven. Por suerte, acá no es allá y por ende. El curador del MET respondió que un museo expresa muchos más que el contexto y la coyuntura de su época, sino que da cuenta de varias épocas y por eso la pintura se queda donde está. Efectivamente, si los museos solo deberían atenerse a los sentidos del tiempo donde les toca estar construidos y asentados, el museo Británico, siguiendo la línea de análisis y pensamiento de las aproximadamente 10 mil personas que peticionaron que se retire el cuadro (poco para la ciudad de Nueva York, excesivo para este pedido), debería también retirar las ánforas griegas con representaciones del modelo de la pederastia ateniense del siglo V y helénica en general (las hay muy explícitas entre un eromenos y un erastes, aviso a los espíritus sensibles).

 

Si algo se le puede reprochar a un museo, además de existir, es que, por ejemplo, el Británico no devuelva lo sustraído a los lugares de orígenes (Grecia debe tener su patrimonio retirado por las fuerza del colonialismo arqueológico profanador de ruinas y templos) o como ya señalaban las Guerrilla Girls, que el 85% de las retratadas (desnudas o vestidas, eróticas o modocitas) son mujeres pero solo el 5% de lo exhibido en museos no es un varón usualmente heterocis, por decir algo.

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Mientras tanto y en este contexto 12 raperos en España van a cumplir una condena efectiva de 2 años y medio de prisión por su contenido explícitamente anti todo (monarquía, gobierno, patria); los conciertos de Morrisey están siendo cancelados en algunos lugares (por ejemplo, en Argentina, el señor empresario histórico del rock, hermanándose con la causa sororal de tolerancia cero niunamenistico, miembro de la prestigiosa colectividad migrante, ya declaró que Esteban no vuelve de su mano a estas tierras) por unos dichos en una entrevista alemana (como nadie lee alemán, no solo debemos creer y confiar en las traducciones, algunas de ellas hechas con google translator al inglés y del inglés al español, sino que además se nos ha expropiado la capacidad de extraer nuestras propias conclusiones y de elegir o decidir qué pensar en una sociedad que nos manda a elegir votar pero que nos impide el libre y saludable ejercicio del disenso sin censurar); y la figura de América Scarfó es convertida en una niña sin criterio propio ni capacidad de decisión, violada por un tano migrante semi legal asesino y adúltero, y algunas de quienes, habiéndola conocido en vida, hemos trabajado algún aspecto de esa relación, somos convertidas en persona non grata que debe ser quemada viva; solo por citar algunos ejemplos tanto locales como internacionales de esta senda del bien donde hasta el feminismno -no me sorprende, qué se puede esperar de un movimiento que hace alianzas anti-vicio con la policía- se ha subido y que puede llegar, si nos esforzamos un poco hasta Safo (tiempo al tiempo) y sus poemas a las jóvenes que atendían sus clases y forman parte de su thiasos… En el interim, Trump coloca la embajada de EEUU en Palestina en tierras ocupadas por el estado de Israel, de Jerusalem, capital ocupada, a Tel Aviv… Claro como el agua clara.

Si el “arte” (sea lo que sea eso que los museos llaman arte y la gente consume como tal y todo lo demás que nunca llega ni a montar mas que una controversia en redes sociales) tiene un razón para existir es ofender lo que existe para desautomarizar la percepción capturada (según la vieja escuela) o producida (según las más actuales) por los dispositivos a los cuales estamos conectadas y así mantener el encefalograma plano de las metrópolis imperiales, y gestionar las emociones y los ánimos de grandes cantidades de población para donde el capitalismo tardío necesita: control.

Una amiga especializada en arte pictórico frente a esto me dice la cuestión es ver y me recomienda, ya que estamos, mirar The guitar lesson, del mismo pintor. Para ver hay que tener lecturas. “Ver” no es tanto el uso de un cierto sentido sino la capacidad de establecer conexiones entre posibles conceptos para analizar. Ver no es tanto qué sino cómo.

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Por eso, me tome el trabajo de ir a buscar a Balthus a quien desconocía (disculpen mi ignorancia) para descubrir de quién era hermano (uno de los abogados del diablo Nietzsche en su revista Acephale junto a Bataille, a quienes amo mucho).

Al ver Therese dreaming no pude evitar recordar los Sonetos de las amigas de Verlaine, versionados magistralmente en nuestro país por el amigo marica miembro del grupo Sur, Juanjo Hernández, pareja de Pepe Bianco, también del mismo grupo, autor de Las Ratas (ya está, chicos, ya pueden salir del armario, Occidente ya nos permite ser más o menos visibles en tanto seamos bien portadas -heternormadas- y así legitima su autoridad de ocupación sobre regiones donde ya sea no hay closet, no hay trapos ni sucios ni limpios que guardar, ya sea la pobreza de los bloqueos occidentales es tan drástica que el atraso cultural se hace notar, por eso decía yo “acá no es allá” en referencia al curador del MET de Nueva York, que es más poronga y tiene con qué frenar todas las firmas juntas, por ahora…). Mirando la pintura en la pantalla de mi computadora, mas que sentir unos supuesto deseos irrefrenables de violar, me recordé a mi de chica: mis primeros estertores amatorios, mis toqueteos con otras chicas de mi edad (hasta Freud sabe las nenas y las adolescentes tienen su sexualidad no adulta), mis deseos sexuales por mujeres mayores, me recordé a mí queriendo tener un minuto para mi misma, disponer de mi cuerpo, para que se distienda plácido lejos del ojo familiar que lo dirige y controla todo, me recordé a mi de joven no teniendo información, ni categorías, ni una sola rama de la que agarrarme en el medio del naufragio que supone el despertar de una sexualidad ya corrompida por el aparato heterosexualizante familiar (como la de todas, no soy nada especial) pero que no obstante pugna por emerger y experimentar sin ninguna herramienta para discernir (por protección, dicen, papi y mami, te las sacan) ni un arma para defenderme (no vaya a ser que les ataques o salgas de tu rol pasivo de víctima a tutelar, kyrios, se le dice en Atenas a esa función). Basicamente, la misma respuesta física obtuve cuando por primera vez leí los sonetos versionados por Hernández.

Por supuesto, me costó mucho ver la supuesta sexualización pedófila de la infancia de la cual se estaba acusando a Balthus (¿será que mis umbrales, acostumbrados a ciertas literaturas en vez de a la captura de los signos de los tiempos de la corrección política, no me permiten ver bien el bien?). Entonces, encontré con una versión de esta pintura: misma pose, gato y todo, distinta figura, una joven aún más joven que Therese y demasiado joven, debo decirlo para ser la tapa de la gran novela Lolita de Vladimir Nabokov (uno de mis autores favoritos, no tanto por esta novela, la cual leí de joven sino por Pálido Fuego -en casa los libros, cualquiera de ellos, era lo único que no estaba prohibido, excepto Orwell por anti estalinista-) de la edición de Penguin Books. Dolores Haze tiene 12 años en la novela y la muchacha de la pintura bastante menos, lo cual habla de las sabias estrategias de los editores británicos que conocen bien qué desea su público lector y cómo venderles algo que en realidad no es exactamente lo que están deseando. No me extenderé aquí sobre Lolita, la cual agradezco haber leído muy tempranamente porque tanto me ha ahorrado de caer subyugada ante señores mayores, como un cierto profesor de cuentos que tuve a los 17 cuyas intenciones bien super discernir porque recordaba la novela. Ya les digo, por si les interesa saber, no se trata de una novela a favor de la pedofilia , del mismo modo que Lolita, pese a su desamparo y juventud no es ninguna boba, aunque si es un texto cuyo narrador-protagonista es un pedófilo (lo mismo que Dejame entrar la novela de vampiros de John Ajvide Lindqvist cuyo nombre se le debe a una canción de Morrisey). Quedó claro o revelado frente a este juego de yuxtaposiciones (Therese, Lolita, Girl with Cat, tapa del libro de Nabokov) es qué desean los lectores y cómo los editores saben vendérselo mucho más que lo que esas 3 obras transmiten si no se las monta en esa órbita. Balthus, a partir de eso, tuvo que salir a hacer declaraciones para terminar afirmando que la única relación que él encontraba entre Nabokov y su persona era el sentido del humor, pero que él no erotizaba figuras de jóvenes muchachas, al menos no en ese cuadro; como todos los otros pintores, o su inmensa mayoría exhibida en museos prestigiosos si le podemos observar que pinta mujeres, lo cual también habla de qué lugar ocupa cada quién en ese espacio: algunas somos musas, otros son artistas.

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Asimismo, fui hasta The Guitar Lesson, que en su momento generó inmensa controversia, puesto que es ostensiblemente mucho más inmoral que una chica en una silla despatarrada que se le ve la bombacha (¿o acaso quieren que cerremos las piernas por nuestro propio bien?). Pero tampoco vi sexualidad sino la violencia del mundo de las mujeres contra las mujeres, mujer adulta contra mujer joven y tal vez viceversa, en una lectura que posiblemente peque de freudiana, la mayor enseñando mediante la infantilización la zona erógena lícita a la joven demasiado grande ya para estar colocada en el regazo, como una guitarra, mientras la mayor le tira el pelo y la muchacha le toma/pellizca el pezón. Magistralmente pintada, me invitó a reflexionar acerca de las asimetrías, el poder y las resistencias y el poderoso uso de lo erótico, como me enseñaron desde Audre Lorde a Gayle Rubin. Pero todo eso habita en mí mucho mas que en Balthus y sus pinturas porque de las pocas cosas que aprendí en mi vida es que la obra es aquello que el agenciamiento “artista”/ “público lector” realiza de manera conjunta dando vida a un tercer hecho que surge cuando ese objeto A se encuentra con esa mirada B para construir entonces C singularmente cada vez que alguien posa sus sentidos frente a un hecho artístico (o de otro tipo), no tanto para producir inferencias lógicas, máquina interpretativa que sugiero detener, sino para que, mediante las emociones (si aún tenemos alguna otra que no sea indignación, temor, deseos de exterminio) perseverar en el ser con todo lo que eso puede suponer.

Escribo todo esto al pedo y en peligro porque la mayor parte de la gente ya murió y solo falta echarle tierra encima como dice el yo lírico de What she said de The Smiths en tiempos de montaje donde mis palabras han sido por completo sacadas de su contexto más de una vez, parafraseadas, convertidas en meme y entregadas al escarnio para el linchamiento en redes virtuales, donde se me adjudican hasta novias que no tuve (me pasa lo mismo que a una celebrity en lo malo pero sin su platita). Pero también sé que el silencio no me protege tampoco (nuevamente Audre Lorde), que compartir la curiosidad (o la erudición) no solamente es una obligación sino fundamentalmente es un placer y que tal vez en esta guerra que ya perdimos todavía haya por ahí otras incorrectamente políticas (que no es lo mismo que lo políticamente incorrecto) que vibren un mundo extra moral con todos los riesgos que eso implica y que de todas formas queremos tomar.

Y en esta guerra prefiero estar más cerca de Filosofía del tocador de Sade que de Mckinnon.

Bonus track:

Les comparto entonces una canción muy feminista sobre la vida de las mujeres de la clase trabajadora británica durante el gobierno de Maggie Tatcher cantada por Sandie Shaw, la que fuera famosa animadora y cantante infantil inglesa, a quien Morrisey admira tanto y rescata del olvido y a quien hace grabar con su banda algunas canciones como esta compuestas especialmente para ella. Así como recurrieron al google translator para la noticia pueden bien acceder a su letra del mismo modo, al fin de cuentas Borges decía que un buen texto de ficción se las ingenia para abrirse camino a través de una mala traducción

 

 

Y obviamente la versión de Juanjo Hernández de Verlaine (el devenir jovencita lesbiana de este viejo puto amante del joven Rimbaud) que recitaba en mis performances allá lejos y hace tiempo cuando todavía creía en algo más que ser una franca tiradora.

Pupilas

Las dos dormían en la misma pieza;
quince años tenía una, la otra algo mayor.
Era una noche de agobiante calor:
frágiles, ojos azules y rubores de fresa,

cada cual se ha quitado, para estar cómoda,
el leve camisón fragante a lavanda;
se arquea la más joven y los brazos levanta,
y la otra le toca los pechos y la besa.

Luego cae de rodillas y como una loca
aplasta su cabeza al vientre y hunde su boca
en el oro rubio, en la sombra agrisada.

Y la niña, en tanto, con sus dedos finos,
en voz baja enumera valses prometidos…
Y sonríe inocente, ruborizada.

Pensionnaires. L’une avait quinze ans, l’autre en avait seize;/ Tour deux dormaient dans la même chambre./ C’etait par un soir très lourde de septembre:/ Frèles, des yeux bleus, des rougeurs de fraise,/ Chacune a quitté, pour se mettre a l’aise,/ La fine chemise au frais parfum d’ambre,/ La plus jeune étend les bras, et se cambre,/ Et sa soeur, les mains sur ses seins, la baise,/ Puis tombe à genou, puis devient farouche/ Et tumultueuse et folle, et sa bouche/ Plonge sous l’or blond, dans les ombres grises;/ Et l’enfant, pendant ce temps-là, recence/ Sur ses doigts mignons des valses promises, / Et, rose, sourit avec innocence.


Primavera

Con ternura la joven pelirroja,
excitada por tanto candor
a la rubia muchacha en flor
en voz baja le dice dulcemente:

“Savia que sube y brote naciente
tu infancia es un jardín de maravilla.
Deja mis dedos recorrer el musgo
donde el botón de la rosa brilla;

déjame entre la hierba clara
beber las gotas de rocío
que riegan la flor tierna, delicada,

para que el placer, querida mía,
ilumine tu frente sin recelo
como el alba al tímido cielo.”

Printemps. Tendre, le jeune femme rousse,/ Que tant de’innocence èmoustille,/ Dit a la blonde jeune fille / Ces mots, tout bas, d’une voix douce: / “Sève qui monte et fleur qui pousse,/ Ton enfence este une charmille,/ Laisse errer mes doigts dans la mousse/ Où le bouton de rose brille,/ Laisse-moi, parme l’herbe claire,/ Boire les gouttes de rosée,/ Afin que le plaisir, ma chére, Illumine ton front candide/ Comme l’aube l’azur timide.

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