Estamos todas sucias (entrevista para Losotro)

En ese lugar donde se llama al silencio, donde se impone la censura: vamos. La indiferencia de nuestro tiempo pretende normalizarnos, estancarnos en la tranquilidad, y desechar todo aquello que no resulte agradable, todo aquello que venga a cuestionar las bases de los que están cómodos. Como no queremos ceder ni que nos cedan: vamos. Nos movemos para desautomatizar los sentidos, para romper los esquemas que se reproducen estúpidamente, con todo el dolor y la soledad que esto implica. Vamos, porque tomamos una decisión: entrevistar a quien pueda terminar de sacudirnos.

Esta persona fue por decisión unánime Leonor Silvestri. Su multiplicidad se expande en muchas direcciones: escritora, traductora, autodidacta y profesora, cinturón negro WAKO, practicante de Muay Thai y Bjj y discapacitada legal. Pero esto es apenas una breve introducción que no logra abarcar la potencia de sus respuestas, que desestabilizan, conmueven y agitan la existencia en su vasta complejidad. De la cintura para abajo y contra todo el mundo: quedan advertidos. Animense a empoderarse, o absténganse de leer.

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pix x Lucien Obesson

La primera pregunta que tenemos para hacerte tiene que ver con la tecnología como un arma de doble filo, como un lugar de poder/(auto)control y como un lugar de resistencia. ¿De qué forma te parece que hoy en día se está usando la misma tecnología que nos atraviesa o de qué forma te parece que se la puede usar, para deconstruir la normalización que se impone sobre nuestros cuerpos y prácticas desde la hegemonía? ¿De qué forma podemos vincularnos y crear lazos en tiempos tan líquidos?

A veces las preguntas exigen respuestas oraculares que me exceden extensamente. Solo puedo hablar de mi propia práctica. En principio y más que otras personas dado mi diagnóstico de Crohn me veo conectada a una red de dispositivos tecnológicos de los que dependo materialmente para seguir existiendo. Negar la interdependencia de mi cuerpo con esos dispositivos (tomógrafo, colonoscopia, análisis sanguíneos, medicación) hasta tal punto donde ya no soy yo sin ellos es tan absurdo como defenderlos y convertirlos en moralmente deseables solo porque me sostienen a mí en mi existencia personal. No son neutros, claro está. Me proponen agenciamientos. Son mi territorio de vida y de lucha, en este momento.

Lo cierto es que como ya hemos aprendido el ser humano occidental promedio habitante de la metrópolis imperial se encuentra en una interconexión más o menos indispensable infra-estructural para seguir existiendo. No me entrego acríticamente a esos dispositivos, por el contrario sostengo que podemos llegar a negociaciones, agenciamientos y de ser necesario guerras. Hemos vuelto a las máquinas nuestras esclavas, lo mismo que a los animales, creo que es hora de liberarles o luchar a su lado. Lucha y relación que será conflictiva.

Mantengo una relación animista con los objetos técnicos que me circundan y de los cuales dependo, una relación de amorosidad ética que me impide desecharles descuidadamente con el paso del tiempo (sostengo una relación de ya 10 años con mi amada computadora desde la que escribo y cumple perfectamente su función…y espero que vivamos mucho tiempo más juntas). Hay tecnologías de las cuales, pese a ser en nuestro mundo ya añejas, no me desprendo: el libro analógico no ha dejado de interesarme y me sigue gustando la manuscritura al menos para estudiar y tomar notas (no dejo de saber hacerlo). Supongo que si me hubieran enseñado a usar un ábaco también retendría esa tecnología como retengo el uso de la cursiva en mi escritura o la anotación marginal en mis libros de papel.

Mis relaciones afectivas, esas que me constituyen y me dan existencia vital, no son solo con seres humanos, afortunadamente. Lo que me sostiene, me contiene y me acompaña, muchas veces no es humano sino un objeto técnico en cuya hipertelia confío más que en la bondad de ciertos enunciados precipitados desde ciertas subjetividades somático-políticas. Tampoco me consta que sean necesarias armas industriales de destrucción masiva para eliminar todo lo que existe (al fin de cuentas el exterminio neanderthal y la extinción de los mamuts a manos cromagnon no dependió de una bomba de neutrones o de pólvora….) ni sostengo lo contrario; es obvio que la industrialización de todo abunda en problemas y que es deseable que deje de existir. ¿Cómo será entonces un mundo para las como yo?, no tengo idea.

Me gustaría que ustedes, del otro lado afinaran un poco la puntería con la pregunta porque no logro comprenderla bien sin polarizarla: tecnología buena o mala, tiempo pasado mejor y nostalgia vs. modernidad cruel y asesina. Sin duda, nadie podría negarlo, vivimos en el peor mundo posible y eso ha tenido que ver con la manera en la que Occidente construyó su idea de progreso y avance, pero las bases con las que construyó esos conceptos que sostienen la estructura industrial que arrasa se encontraban antes de que llegase aquí la primera fábrica, por ende fortalecemos muchas veces al sistema con lo que consideramos luchas en su contra y no modificamos las maneras dominantes de pensar de nuestro mundo cuando intentamos armar otro.

https://youtu.be/qgXwyajL_dg

Por otro lado, si bien es cierto que la creencia de que el ser humano debe dominar, tecnológicamente, la naturaleza (esa creación del contractualismo) para sobrevivir, oculta no solo que antes de que a ningún ser humano se le ocurriera jamás modificar el trigo (idea muy anterior a Monsanto y los transgénicos, lo cual no significa de ningún modo que esta empresa y los gobiernos están exentos de responsabilidades cuando nos rocían con agrotóxicos o nos alimentan con transgénicos) o de hacer un lobo un perro, de un tigre un gato, de una secuoia un bonzai, los seres humanos se dominaron los unos a los otros, y que esa dominación estuvo generizada, es decir quienes primero nos vimos afectadas fueron las personas en posiciones de fragilidad y/o que hoy llamaríamos mujeres (fragilidad y mujer, lo aclaro ya, no son sinónimos, y esa dominación del varón hacia la mujer no dependió siempre de la fuerza física, tampoco, no tuvimos siempre estos cuerpos que hoy somos). Asimismo, someter todos los asuntos humanos a la dominación de la naturaleza nos deja a las mujeres en el peor lugar posible, en un lugar de esclavitud reproductivista cuando tanto la biología como la naturaleza responden a la política. Lo que intento decir es que la ecología mística también implica dominación especialmente de las mujeres y de todas aquellas en nuestra posición y al mismo tiempo aquellas comunidades no mediadas por dispositivos en grados de intensidad como los nuestros no tienen esa separación entre naturaleza y cultura porque lo que Occidente llama naturaleza esa gente le llama hogar; lo cual no significa que a apriorísticamente una mujer esté mejor ahí, o viceversa, dado que Occidente tampoco es un lugar maravilloso para existir si una no es un varón blanco heterosexual (no adhiero en lo más mínimo a la idea de la antropóloga Segato que afirma que la primera víctima del mandato patriarcal es el varón, especialmente el de bajos ingresos, según dice en las entrevistas, ni mucho menos que de la masculinidad no hegemónica, por ejemplo la vieja y querida torta marimacha, se desprenda un mandato de violencia).

Con respecto a los lazos, yo pienso siempre cómo poder estar más aislada, tener más espacios para la intimidad, el sosiego, la soledad, dado que ciertos lazos con el sí mismo y ciertos agenciamientos maquínicos requieren un apartarse de la autopista del progreso henchida de seres humanos ruidosos, contaminadores, y ventajeros, incluso aunque se enuncien autogestivos, anarcos o feministas. Pero supongo que es una pregunta muy difícil de contestar para alguien que como yo siente que una buena parte de si es una máquina molecular, una cyborg (la hija aberrante del occidente industrial) a mitad de camino entre una sapiens sapiens y alguien que habitaba un tiempo anterior de la presencia como una neanderthal a quien le interesa mucho más escribir, leer, o simplemente pensar sin el merequetengue de fondo de la humanidad y la sociabilidad envenenada. Al mismo tiempo mi comportamiento maladaptado a su medio social me recuerda a mi parte animal que es un problema para el resto, no para mí. De haber nacido luego de 1980 además de Crohn me dirían Asperger o TDG o TDA.

Desde tu perspectiva, ¿la tecnología nos homogeneiza en una eterna repetición de lo mismo, nos convierte en simples máquinas que le son funcionales a este sistema? ¿Hasta qué punto?

Supongo que depende de qué dispositivo, no? Pero una siempre puede confiar que el poder no controla sus efectos sin caer en la ridiculez de querer casarse para ver si de milagro una no queda subjetivada en ese dispositivo. Así como existen usos desviados o hipertélicos de una cierta tecnología –¿la dinamita de la mina es la misma cuando en la mano el minero boliviano la lleva a la manifestación?- indudablemente nuestros dispositivos tecnológicos están hechos para masificar, para producir subjetividad de masa y de ese modo, controlar, neutralizar, aplacar, entristecer. De manera singular habrá que ver cuáles, si no se puede vivir desconectada de ellos, incrementarán nuestra potencia, por ende nos permitirán una singularización y con cuáles no podremos lidiar sin ser nosotras subjetivadas. En principio, “máquina mala” vs. “ser humano puro bueno” es un debate demodé en este lado del difuso que se llama Occidente y que cada vez más extiende su desertificación a todo lo existente.

Me parece que el sistema ha logrado reciclar un excedente de producción (nunca termino de decidirme si es un desperdicio que el sistema produce sin desearlo o que produjo ex professo): nuestra rabia, rebeldía, angustia es el motor ya no de un hecho para desautomatizar la percepción sino que es re-utilizado por el sistema que genera update o upgrade en el mismo gracias a nuestros “activismos”… El activismo, ya lo he dicho por ahí, es a la democracia parlamentaria lo que el clean master es a nuestros dispositivos Android: permite que siga funcionando. Habrá que pensar en formas de desertar sin reterritorializar un nazi mal vestido sahumerio de quinoa que ejerza violentas dominaciones euroblancas capitalistas pero con un sweater de alpaca. Para quienes crean que cuando decimos desertar nos referimos a la eco aldea en capilla del monte les recordamos que el agua que cae del cielo es ácida, de la canilla sale cloro, las napas están filtradas de agrotóxicos y que ya no hay espacios puros, neutros, o impolutos. Prefiero Mad Max como imaginario que Fukukoa, a quien de todos modos quiero mucho.

Si estamos en tiempos tan líquidos cómo hacemos para organizarnos, para construir comunidades de resistencia, para volver el mundo más habitable para la disidencia: ¿o eso ya no existe/no es posible? ¿No estamos de alguna forma cada vez más diseminados, más aislados, a pesar de que se acortan las distancias con internet?

El señor Bauman habla de lo líquido no? No leí el libro, postmarxianos que llevan a Foucault hasta la cintura y para abajo nada. ¿Por qué habría que construir comunidades? ¿Por qué esa nostalgia por comunidades perdidas? ¿Existieron? ¿Cuándo, dónde, cómo? ¿Por qué la resistencia tiene una forma comunitaria? ¿Por qué no puede tener una forma azarosa, espontaneísta, una comunidad de sin comunidad? Sin duda cada vez más aisladas, pero de manera incorrecta: no el retiro anacoreta, la prometida vacuola de soledad y silencio de Deleuze que nos permita pensar es decir, existir, lejos de la sociabilidad envenenada. Pero mientras mantengamos ciertas categorías, valores o subjetividades de los órdenes mayores por ende dominantes jamás se modificará nada, aunque seamos todas veganas (si es que el ser vegano no es per se capacitismo, urbanista occidental…) Comprendo que sostenerse en medio del entristecimiento es muy cruel. Al mismo tiempo no me consta que ese mundo de disidencia habitable sea habitable para todas (así como los feminismos y las feministas dejaron tiradas a las discas -no sólo en términos de inclusión, esa cloaca de la tolerancia capacitista, sino también en términos de vidas posibles y vivibles-; el cuir se olvidó que un día envejecerá, se cree siempre joven y regio). Confío en la espontaneidad y en la molecularidad, en el contagio como las bacterias y los virus, también en la amorosidad no avasallante. En casi todos lados hay alianzas, a veces no son ni planificadas ni dependen de estar untada en logos, banderas y motivos de la corrección política. No creo en un mundo de paz y amor sin conflicto. Estamos todas sucias. Prefiero la gente que lo sabe que la gente que quiere estar limpia. No obstante, tengo mis límites. Creo que cuando sos la columnista de tal o cual programa de radio que alienta violaciones y permanecés silente ya no es una alianza, es una burla a quienes te nombran referente de ciertas causas.

Por otro lado, en Youtube están subidas las clases que das en tu casa a modo de taller. ¿Cuál es tu apuesta en hacer eso?

Además de las obviedades tales como compartir y socializar el conocimiento, ponerlo en común, en lo que creo fervientemente pese a que me trae más tristezas que alegrías porque los niveles de extractivismo y usufructo que se hace de eso mientras se me intenta destruir de manera material es muy grande; existe una necesidad: difusión. Y ya me ha quedado claro que no me van a dar el espacio para que me exprese, por ende lo tomo yo, como me enseñó Roberto Arlt: con la prepotencia de mi trabajo. No pido perdón ni permiso por hacer y ser quien soy. Por poder lo que puedo. El espacio no me lo van a dar porque mis ideas no son adecuadas al gusto de la masa y por ende muy rechazadas. Esa fue mi manera de difundir no solo mis conocimientos sino de expresarme a sabiendas que por enfrentamientos legales con la patronal de ciertos masivos de desinformación o ciertos desentendimientos con la plana mayor de los feminismos se me iba a desaparecer en vida, a ningunear o a fingir que no existo, y de ser posible hacerme no existir explícitamente. Esta es mi manera de aparecer y obviamente importunar.

Tu última publicación se llama Games of Crohn, en la que hablás sobre tu mutación autoinmune que la sociedad llama enfermedad ¿qué destacarías sobre esto en relación a tu modo de vida? ¿qué mentiras y qué reterritorializaciones tuviste que afrontar y forjar en este proceso? Cuando digo mentiras me refiero más que nada a la forma que tiene el sistema médico de diagnosticar, clasificar y leer nuestros cuerpos. El mismo hecho de que vos decidas nombrar de otra forma a lo que se llama enfermedad, es ya una operación política y un cambio de perspectiva. Con reterritorialización me refiero a apropiaciones o conquistas que se fueron derivando de este proceso. ¿Hubo o no hubo un cambio en tu forma de vivenciar tu cuerpo?

Mi cuerpo cambió. Pero ¿cuál no? Mi cuerpo iba a cambiar de todas maneras, estoy envejeciendo, como todo el mundo, y me alegra que así sea. O ¿por qué debo creer que por ser la poseedora de un diagnóstico o estar sometida a un proceso de discapacitación por medio de un diagnóstico mi cuerpo no se empodera? La corporación médica y el dispositivo hospitalario principalmente son lo peor que existe. Al fin de cuentas, el hospital es uno de los grandes de espacio de encierro, como la cárcel, la escuela, la universidad y la fábrica. La diferencia radica en el hecho de que al nosocomio, al hospicio psiquiátrico y al correccional no van quienes pueden voluntariamente evitárselo. Pero perfectamente puede ser un campo de acción y de lucha, además de una tumba. Yo a Crohn le digo Crohn, después para hacerme entender, hablo algo del idioma médico usual. Los médicos están subjetivados en su formación universitaria-académica y en el dispositivo médico para ser como son. Las excepciones se producen, no obstante, justamente porque el poder no controla sus efectos. De lo que rápidamente me di cuenta es que si quería dejar de ser una paciente, una persona que padece, abusada, una víctima, iba a tener que empoderarme y eso significa usar todo lo que tengo cuando ingreso o lidio con el sistema hospitalario: el capital erótico o el intelectual, los contactos, la suerte, el dinero, la seducción, o el temor que se parece bastante al respeto, lo que haga falta. La medicina tiene una tradición, una genealogía de la cual se desentiende, que es del horror: comienza con la producción de una figura demonizada llamada “bruja” y la extracción de los conocimientos de mujeres de la cultura popular medieval europea y su subsecuente exterminio (porque resulta que esos conocimientos eran portados por mujeres que pese al miedo sí eran valientes y libres), la exportación de una sola cultura (la occidental) mediante la esclavización originaria de otros territorios de lo que haya quedado con vida; construye siniestros espacios de encierro en pos de la ciencia (la psiquiatría y sus loqueros realmente erizan la piel) so pretexto de que el Dios Ciencia desbanca a jesusito y la santísima trinidad y continúa con experimentación en seres humanos vivos (las famosas africanas esclavizadas por el Dr. Sims, padre de la ginecología contemporánea, Anarcha, Lucy y Betsy, entre otras tantas que tenía; el doctor John Money y el caso John/Joan; o el doctor Mengele, por citar unos pocos ejemplos más modernos) hasta llegar a la experimentación en animales no humanos esclavizados y seres humanos que voluntariamente se someten a la experimentación.

Ardo en esa contradicción y vivir es eso al menos para mí: ese ardor y esas preguntas. Quien quiera purismo, sepa que por esa carretera al final del camino se encuentra un gran exterminador. No me pega mal tener crohn, mi gastroenterólogo dice porque no me siento mal, lo cual no es siempre del todo cierto. Me pega bien porque no me gustaba ser ni privilegiada ni normal. Si pudiera ser negra lo sería ya mismo, o mapuche. No se puede elegir a qué proceso de racialización estará una sometida, tampoco pude elegir mi mutación pero me alegra tenerla, en vez de negarla, me afirma. Es difícil de explicar pero todo lo que me aleje de ser humana occidental me alegra, aunque luego deba lidiar con los dispositivos que me capturan y me dan existencia. Pero creía, después de leer bastante a Butler, Althusser y Foucault que de todas formas esto que me pasa a mí es la noción de sujeto en Occidente, no solo mi problemita personal con una cosa llamada “enfermedad”. ¿Quién no sea interpelada que arroje la primera jeringa?

¿Y cómo fue que decidiste escribir sobre esto? ¿Perseguías algún objetivo en particular? ¿Cómo fue tu enfrentamiento con el sistema médico?

Esta pregunta me la han hecho hasta el infinito. No sé por qué es tan sorprendente, te soy sincera, que una escritora escriba y que escriba justamente de aquello que le pasa en el cuerpo. ¿De qué debería escribir? ¿De la enfermedad ajena de una madre demente como hizo una desgraciada por ahí; de la muerte de una hija -que por suerte no tengo- como hizo otra más allá? ¿De amor? ¿De mi tío militante exterminado por las 3A -no tengo familiares desaparecidos por la dictadura, tengo familiares asesinados en democracia?- La escritura es una de mis armas, no es la única, pero probablemente, como pensar, es donde mejor me manejo, indudablemente pienso y escribo mejor de lo que boxeo. Por otro lado, es algo relativamente posible de hacer (leer/escribir) estando más o menos postrada e internada (boxear con un cuadro de desnutrición agudo no es tan fácil). Siempre que escribo, mal que mal, persigo lo mismo que cuando vivo: desautomatizar la percepción, entregar al mundo una imagen no reconciliada de cómo se ve y lo que se cree que es; escupir en la cara de las personas que encarnan los órdenes que me intentan someterme burlas en formas de vómito; y ganarme la vida (es decir, ganar dinero). Es uno de mis trabajos. Con el sistema médico hubo y hay lo que tenía y tiene que haber: lucha, negociación, supervivencia y alianzas hasta salir de ahí, para salir de ahí; como en todos los espacios de encierro. También sé que hay personas médicas que son menos médicas y más personas tras el paso de mi crohn por sus vidas; y fue y es mutuo. Y también hubo gente que fue invitada a retirarse de donde estaba internada y de mi vida, sean médicos o sean amistades que ya no están, por suerte, en mi existencia.

El feminismo en ocasiones se presenta en su masividad como un movimiento que es funcional al patriarcado. No obstante, también sabemos que la gama de feminismos es diversa y amplia. ¿Hay feminismos que no ayudan a construir?

Depende de qué quieras construir, hay feminismos de lo que quieras: hay feminismos punitivos y feminismos eugenistas capacitistas; hay feminismos estatales, operadores del sistema; hay feminismos misóginos; hay feminismos neoliberales capitalistas; hay feminismos victimistas desempoderantes; hay feminismos católicos y cristianos. ¡¡¡¡¡Hasta hay varones feministas!!!!! Casi como ser anarcocapitalista, también hay, y anarco-peronistas. Decime qué querés construir y yo te digo a qué te ayuda cuál feminismo. ¿Se puede no construir si hasta destruyendo construís? En principio en esta región las feministas me parecen atroces, gente que cree que por decirse “feminista” se convierte en ángeles sin mácula; y el pensamiento feminista de esta región me parece obsoleto y anodino, torpe, mal hecho. Cualquiera con un título y un campo de investigación ostenta dotes de “militante”. La verdad, me causan risa, cuando no espanto, la gran mayoría, por eso estoy al margen. Pero sobre todo lo que más detesto, es el totalitarismo: como si no se pudiera existir sin enunciarse feminista, o como si las feministas le resolvieron todo a todas las mujeres de este planeta. Tal vez haya que ir avisando que el feminismo también es occidental, y que Emma Goldman no se decía así a sí misma y que yo sepa sus razones tenía y no por eso era menos lo que le tocó ser. Me resulta repugnante y despreciable la obligatoriedad de decirse feminista y el llamamiento al meloneo de estas latitudes. Prefiero seducir con posibles vidas singulares. Me propongo de ejemplo. Y no pido disculpas por ello. Quien se autoperciba feminista será por mí reconocida así y discutiremos si su noción incrementa nuestras potencias o por el contrario…

¿Hay feminismos que estén efectivamente ayudando a construir otro tipo de realidad?

Depende del tipo de realidad, todo el tiempo se construye otro tipo de realidad aunque luego nada cambie: por ejemplo, una realidad donde el estado recupere fuerzas perdidas, o donde el sistema punitivo tenga mas poder es también otra realidad. Ciertos feminismos han ayudado a que las mujeres sean parte de las fuerzas represivas que desaparecen personas, militares y policías; también ha hecho alianzas con los gobiernos y el aparato punitivo para judicializar casi todos los asuntos de la vida misma: desde perseguir trabajadoras sexuales hasta narcomenudeo y mulas. El feminismo también hace eso. El feminismo nos dice que denunciemos en vez de defendernos, el feminismo hegemónico de los grandes medios de desinformación. Nos dice que no seamos valientes que seamos libres pero no nos indica que la libertad se conquista físicamente. El feminismo nos hace creer que es deseable un aborto con causales, y que una violación, que la vida de la gestante esté en peligro o que una persona sea una mutación son razones para no existir fuera del vientre (son las 3 causales), es decir el feminismo, o cierto feminismo, es eugenista y capacitista. El feminismo nos hace creer que ciertas marchas masivas detendrán el modus operandi de todo un sistema de opresión, pero no nos invita a organizarnos en bandas. El feminismo es una rectora de una universidad invitado a un señor deleznable a dar una charla sobre rock (cuya pestilente y apestosa música bastaba para saber que ese señor iba a decir delante de su público cautivo estudiantil atrocidades), luego defendido misóginamente en su programa de radio por otra señora, amiga de ambxs, en su programa, donde más tarde la primera empieza a formar parte de ese programa. El feminismo que vive de contarnos muertas nunca nos va a querer vivas. Todo eso también es el feminismo. Y también hay otros feminismos. Y estoy yo, mal que les pese, que aún no me he ido….

¿Qué es el feminismo amazónico?

Mas que qué es, cómo funciona el devenir amazona vikinga. Eso sí puedo decírtelo. En principio, es el único modo de poder correr riesgos y de ser libre, vamos a tener que conquistarlo físicamente., vamos a tener que volvernos peligrosas, amedrentadoras, temibles, animalas, e impredecibles y no para con nosotras mismas. Vamos a tener que dejarnos caer, dejar de intentar caer bien y dejar de creer que porque te ponés una cierta remera, o un cierto pañuelo verde, sos una persona que luego va a poner el cuerpo por otra que no te cae bien.

¿Cuál es tu postura frente al feminismo? ¿Qué es el feminismo amazónico? ¿En qué se diferencia de los demás feminismos?

Paglia inventó el término, habría que preguntarle, no creo nos atienda. Suele tener en habla castellana muy mala prensa porque dice cosas muy incorrectas. Para mi es un misterio por qué ciertas incorrecciones empoderantes son censuradas y otras aplaudidas. La existencia de la censura es un misterio, desearla. El feminismo amazónico no sé qué es, pero mi posición con respecto a los feminismos es el margen del margen: no vaya a ser que me linchen (una caterva de abusivas lo propuso alguna vez y otras que continúan hablando de América Scarffo y de Lori Maddox como abusadas también me la quiere poner). Mi desafío es cómo no ser una imbécil acrítica sin dejar de hacer alianzas, por efímeras que sean y sin convertirme en una fascista que habla de penas retroactivas, acumulativas, o quita de garantías porque sé que luego quién se van a ver perjudicadas por eso son otras como yo. Creo en lo que creía Eugene Debbs: mientras haya una clase inferior, seré parte de ella, mientras haya un elemento criminal, estaré hecho de él, mientras haya un alma en prisión no seré libre. Lamentablemente, los feminismos, supongo que por su juventud, hay cosas que aún, esta región no comprenden, como la necesidad de precipitarse desde los órdenes menores si una quiere ascender no en la escala social del mérito… no comprenden a la niña criminal. Por eso, leo a Genet.

Y para terminar, ¿existe el arte?

Cómo no va a existir, claro que existe, la basura también existe y el único lugar donde existe es en el mundo humano occidental especialmente urbanizado. En el bosque no hay ni basura ni arte. Hay magia y mulch.

¿En este mundo humano, occidental y especialmente urbanizado, el arte puede llegar a ser un espacio combativo o cada vez se asemeja más a la basura que no hay en el bosque? ¿Por qué?

¿Sabés que es el arte para mí? A diferencia de Meryl Strip, las artes marciales, combinadas o no; el boxeo (la dulce ciencia), el Bjj (el arte suave), un representante de las fuerzas punitivas ardiendo (eso es una performance). Ahora bien, sí creo en la capacidad de generar artificios técnicos para desautomatizar la percepción, desestabilizar, inquietar, conmover, agitar, lo que existe y cómo existe. Pero para eso, como dijo Bowie, en vez de pensar que una quiere una carrera, dentro del arte o en general, una debe desear hacer algo y ver adonde la lleva eso (y tener los antídotos por si las oportunidades de convertirse en alguien que una habría odiado se presentan o generar objetos que no son fácilmente susceptibles de ser subyugados por aquello que una odia). Habrá quien diga de mi que soy artista. Soy, además de artista marcial (mala muy mala por cierto pero lo soy), escritora pero nada he hecho (muy por el contrario) para que Nike me quiera en sus filas. Mejor, no vaya a ser que me tiente el dinero. Y como dijo Melero “la fama te la dan los otros, el éxito es propio, los exitosos no tenemos fans”. Yo le agrego, tenemos hatters.

parasubirafb

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