Joan Scott, la convidada de piedra del banquete del género

Joan Scott, la convidada de piedra del banquete del género

Leonor Silvestri 2018

mala-víctima-bA Joan Scott el feminismo y sus estudiantes le deben al menos un par de cosas. La primera, haber sido la mentora de ese big bang epistemológico dentro de los estudios queer, el modelo deconstructivista del género conocido como teoría de la performatividad creado por una de sus discípulas, la consagrada Judith Butler. La segunda, una definición innovadora, crítica, práctica y aplicable del género como concepto relevante para el análisis de la historia y de todos los fenómenos sociales.

El género, afirma Scott, carece de una teoría más o menos sistemático con la que si cuenta la clase, por ejemplo; por ende, como una forma de referirse a la organización social de las relaciones entre sexos su análisis del género denota el rechazo al esencialismo biologisista -especialmente como base de la subordinación de las mujeres y las feminidades lato sensu-, y su relación con aspecto normativos de la feminidad. La pregunta que guía las reflexiones de Scott acerca de este tan trillado concepto y de su utilización tanto por parte de los distintos feminismos como de las académicas es cómo el género aporta significado a la organización y percepción del conocimiento de la historia, y en definitiva de todo fenómeno social.

Asimismo, esta autora presenta una serie de críticas e interrogantes sobre la categoría “patriarcado” utilizado por los distintos feminismos y del uso término género como búsqueda de legitimidad academica. En primer lugar, aquellas teorías que, ensimismadas en descubrir el fundamento y el origen de las conductas promovidas por el patriacado, se pierden entonces de ver cómo operan las conductas en determinados momentos y cómo se producen. Esas teorías no demuestran cómo la desigualdad entre géneros estructuran el resto de las desigualdades ni como el género afecta aquellas áreas que no parecen conectadas a él pero sí refuerzan la victimización supuestamente esencial a un sexo. Segundo, las críticas marxistas al patriarcado desde del género como clase social hacen descansar su análisis en la diferencia física como un dato real, transparte, dado universalmente. Por ende, uno de sus mayores problemas es su velado esencialismo y su a-historicidad encubierta, ya sea que hagan proceder la dominación de la apropiación por parte del varón de la labor reproductiva de las mujeres o de su reificación sexual, de donde se desprenden las teorías clasistas anti-trabajadoras sexuales. De hecho, los sistemas económicos no determinan de manera directa las relaciones de género, o son de manera unívoca dominación sin posibilidades de reapropiación. Más aún, sostienen que el género es el producto accesorio del cambio de las estructuras economicas. En tercer lugar, una teoría que se apoya en una única varibale -la diferencia física o su interpretración simbólica- asume un significado inherente, universal, eurocentrado del cuerpo humano. Limitar el género a un cierto tipo familiar y doméstico implica que el ordenamiento social es siempre parental, donde los padres son agentes y las madres meras subalternas sin agencia; tampoco ni permite explicar el hecho de que estos ordenamientos, cuando existen, no son naturales dado que naturaliza, valga la redundancia, justamente las relación varón/poder y el instito maternal. Si bien el parentesco interviene en la construcción del género no es el único factor, ni siquiera siempre el más relevante, siempre en todas las dimensiones geopolíticas.

La contundente tesis de Scott sostiene que aunque las feministas tanto académicas del género como antipatriarcales que provienen de distintas corrientes, desean re-evaluar la categoría mujer no dejan de contribuir al pensamiento que las oprime al no discutir el binarismo ni deconstruir la diferencia sexual como historicamente creada, aceptando la relación jearárquica como propia e ineherente al fenómeno.

¿Cómo entonces define Scott el género?

Sencillamente, el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales, un campo primario dentro del cual o por medio de se articula el poder, que no quiere decir per se la dominación. Los conceptos de género estrcuturan la percepción y organizan toda la vida social de manera diferenciada hasta el punto de distribuir el poder de manera diferenciada por sexo. Su enfoque nos permite no aislar a las mujeres de la historia como si fueran un tema especial, afirmar en última instancia que la experiencia subjetiva y personal importa tanto como los actos públlicos, es decir aquellos que clasicamente se leen como políticos, y refutar la idea de que las mujeres carecen de lugar en la historia o que solo se puede contar su historia en términos reconocibles establecidos por los historiadores. Así la historia feminista no es tan solo el recuento de las grandes obras de las mujeres sino la exposición de las operaciones de construcción del género por parte de la política y viceversa. De hecho, su denuncia va a enfocada a la utilizacion de género y mujer como sinónimos hasta incluso de una naturaleza transparte a cuyo conocimiento objetivo podemos acceder sin que medie una historia unida a través del lenguaje, lo cual otorga una versión homogénea de un grupo de personas donde incluso las diferencias son presentadas como fenómenos secundarios dentro de un nuevo universal. Sexo y género son creencias acerca de la organización de las diferencias sexuales y en última instancia de la percepción. Scott parece inclinarse a preguntar cómo la diferencia sexual se ha enunciado como principio y práctica de organización social. Y de ahí a contar con potentes herramientas de análisis crítico del género y a partir de él de todo lo existente para hacer algo más que simplemente emitir quejidos indignados contra la forma en la que se organiza este mundo solo hace falta leer estas páginas.

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