La Enemiga Pública

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La Enemiga Pública

Leer y escuchar a Leonor Silvestri es mirarse en miles de espejos a la vez, atreverse a hacer temblar las frases hechas, volver a pasar sobre lo que suponemos desaprendido, para preguntarse de nuevo, y dar una vuelta más a las escasas certezas construidas. En su irreverencia creo encontrar su potencia, me atrae lo que adivino como una rebeldía a la corrección.

Por Redacción La tinta

Le pregunto cómo la presento y me ayuda a sistematizar las extensa lista de facetas que es Leonor Silvestri: cinturón negro de kick boxing Wako, escritora y traductora especializada en poesía clásica, profesora autodidacta de filosofía, practicante de Muay Thai y Bjj y discapacitada legal, sobreviviente a la censura del feminismo de la corrección política y a la judicialización LGTBQI asimilacionista, profesora de autodefensa para mujeres cis y trans.

Su recorrido vital y político puede leerse como una búsqueda de la consistencia consigo misma. En este trayecto ha construido una obra que incluye performances, manifiestos, fanzines, ensayos filosóficos, activismo, hondos desencuentros, programas de radio y videos, bandas de punk-rock, prácticas BDSM (prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre sí), exhibicionismo y rumores: una obra en la que ella misma, como cuerpo, es la materia prima y el producto siempre in progress. En este mismo sentido escribió libros literarios, filosóficos, feministas, y participó en producciones audiovisuales(*).

Hace unos años le diagnosticaron “mal de Crohn”, y estando hospitalizada durante meses, escribió el libro Games of Crohn: Diario de una internación, que presentó en Córdoba en julio pasado. También brindó un taller de filosofía, invitada por Clara Soria y Leila Lafi con el apoyo de Fundación La Estación y Fundación Ecos, y coordinó un espacio de autodefensa para mujeres cis y trans, junto a Josefina Arroyuelo. Nos contactamos con ella para que nos cuente sobre esta obra, sobre su discusión con un feminisimo que tacha de capacitista, y sobre sus múltiples proyectos.

¿Qué es Crohn para vos, qué re-lecturas del cuerpo te permitió y cuál es la potencia de convivir con lo que vos misma llamás una “mutación autoinmune”?

—Para mi es la posibilidad de vivir una vida distinta a lo que se me propone dentro de los cánones de la normalidad de la hegemonía de la salud. Por supuesto, es un diagnóstico primero y principal. Por ende, una operación de un sistema de saber/poder sobre mi cuerpo, una manera de organizar un cierto conocimiento para ejercer el poder, del cual yo me reapropio para hacer una existencia y una investigación/experimentación más afín a mis pervertidos gustos. No es que una tenga un poder mutante, aunque lo tiene, sino más bien que dejás de formar parte del “ejército de los erguidos” como dice Virginia Woolf, para pasar a las filas de quienes desertamos y estorbamos con nuestros requerimientos específicos a la caterva acrítica de supuestos inmortales eugenistas capacitistas.

¿Qué se pone en juego cuando sacás a Crohn del ámbito de la enfermedad, y lo pensás y vivís como una condición de mutación autoinmune? ¿Qué significa la enfermedad y la discapacidad en esta sociedad?

—En principio, es esta sociedad la que hace de un cuerpo singular una enfermedad o una discapacidad. Ni la enfermedad ni la discapacidad existen en estado salvaje. Condiciones que hoy no son consideradas enfermedad antes lo eran. Por supuesto hay una plataforma somática, un cuerpo, con sus requerimientos, para los cuales esta sociedad no está preparada no solo para hacer vivibles, mucho menos deseables, sino que esta sociedad se sostiene creando la enfermedad y la discapacidad en su sentido más flagrante: desde rociar a poblaciones enteras con agroquímicos con lo que eso puede producir, beber agua que le dicen potable que tiene cloro, entre otras cosas, alimentarnos a base de transgénicos pasando por un espacio público y semi-público creado para impedir y obstaculizar. Caminar por Buenos Aires exige casi ser una atleta de las Olimpíadas de CrossFit.

Esta sociedad tiene tanta necesidad de mitificar la salud, y por ende crearla, que piensa que portar una condición singular o sobrellevar una enfermedad es un calvario por el cual sería mejor no pasar. Yo no tengo a Crohn alojado en el ámbito de la enfermedad, ni del mal, -tampoco del bien-, aunque para hacerme entender con el común denominador de las personas (de médicos a personas con las que tengo que lidiar) le digo así. Los cuerpos mutan, se degradan, envejecen, son frágiles, efímeros, son vulnerables al paso del tiempo, al óxido del oxígeno, son interdependientes en un sentido simbiótico, de apoyo mutuo, colaborativo. El mío no es la excepción. Encuentro belleza en ello. Además de que ya lo dijo Deleuze, una salud frágil mejora la escucha de la vida. Y tengo un oído y un olfato muy avezados, como un animal.

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Haciendo una reflexión crítica de cierto feminismo actual, ¿cuáles crees que son las opresiones que reterritorializa ese cierto feminismo? Y en este sentido, ¿crees que hay una vinculación entre el abolicionismo del trabajo sexual y el “capacitismo”, para el feminismo hegemónico?

—En principio el feminismo es per se, capacitista en tanto y en cuanto no ha hecho mucho -por no decir nada- para empujar los límites de lo que es deseablemente vivible. Si vos planteás aborto por causales tales como grave malformación del feto o inviabilidad fetal ya estás creando un mundo donde lo deseable y lo vivible es ser normal (después ya sabemos los genetistas encontrarán qué es lo normal y no será una mujer incendiaria antiyuta).

¿Qué pasaría si la corporación médica, que no solo responde acrítica e inconscientemente a los laboratorios industriales del régimen farmacopornográfico por un lado, sino también es la heredera de la expropiación de los conocimientos ancestrales medicinales de las campesinas revoltosas medievales -exterminadas por la Inquisición para poder imponer el capitalismo-, decidiera que “mal formación” significa “lesbiana” (antes era considerada una enfermedad), “intersexualidad” (que a su vez no existe más que como creación médica que intenta erradicar los efectos materiales de que no todos los cuerpos pertenecen al binomio y hay variación sobre los estándares heterosexuales que dictan la norma), “mala adaptación al medio social”? ¿Qué pasaría si todos los problemas sociales fueran considerados sin más, problemas clínico-médicos individuales cuyos responsables son quienes se ven afectadxs (desde bulimia y anorexia, hasta tabaquismo, ataques de pánico, déficit de atención, etc) y fueran considerados todos estos diagnósticos creados por y para el capitalismo como inviables para una vida en esta sociedad, lo cual, por cierto, somos? ¿Le permitirían a alguien parir un embrión inviable en una dependencia estatal con el costo adicional que eso representa para la gestión que anda siempre recortando gastos? ¿Costearía el estado los gastos de una vida que es inservible para las lógicas capitalistas, una pura pérdida de dinero, alguien que no va a poder ingresar ya sea como obrero ya sea como ejército de reserva de la maquinaria industrial, alguien que morirá al nacer aunque su gestadora quiera parirlo de todas maneras?


Siempre he creído que hay que extender los límites de lo pensable: envejecer no es terrible, enfermar tampoco, no poder trabajar, no poder participar de este mundo, son bendiciones, ventajas. Así como a las mujeres se les pide que reproduzcan el material humano, que se incorpore al capitalismo de manera eficiente (como buen ciudadano: de aparato represivo a obrero u oficinista, pasando por universitario investigador, o médico) también se le pide que sea ella la encargada de la selección de personal apto a tales efectos. Todo por nada más que el amor a cambio. Ahí está el verdadero proxenetismo. La sociedad capitalista patriarcal heterosexual es nuestro gran putero. El trabajo sexual es solo una muestra de que el sexo, la compañía, y el afecto no tienen por qué ser entregados por nada a cambio, por eso que este mundo llama amor.


“Del mismo modo que si vamos a ser las máquinas reproductoras del buen ciudadano industrial del capitalismo actual (las personas “discas” muchas veces, por suerte, no pueden ser esa persona) y además vamos a ser nosotras las encargadas de que eso que reproducimos sea útil y solidario a los fines políticos capitalistas para los cuales hemos sido puestas a reproducir (es decir, vamos a ser inconscientemente las eugenistas selectoras de personal de este mundo macabro), espero que al menos percibamos algún tipo de beneficio contante y sonante por hacerlo (como los vientres subrogados que al fin de cuentas reciben dinero por producir la mejor cría posible para quien puede pagarla). Si hay algo peor que ser alguien que trabaja con ahínco para el capitalismo es hacerlo por nada a cambio o algo tan opresivo como el amor romántico”.

Otro punto de encuentro con el trabajo sexual es la autonomía de los cuerpos. Cuando el feminismo dice “mi cuerpo es mío” en realidad es tuyo tu cuerpo en tanto y en cuanto tengas deseos lícitos para esos feminismos que `oh casualidad´ son tan solidarios para con el capitalismo. Al capitalismo le conviene tanto que no cobres por amor como que no gestes más que por amor, le conviene que no que quieras parir algo que será inviable. Lo cierto es que no me consta que lo mejor que le puede ocurrir a una gestante de una cría que nacerá, ya sea muerta o que vivirá poco, es no parirla. Es su decisión. Esa decisión ya es apriorísticamente coercionada por una serie de semiosis (desde la corporación médica hasta los feminismos, pasando por los massmedia) que le hace creer a una mujer que si su embrión no se va a formar como es debido, mejor no parirlo. Me resulta chistoso que yo, que soy probablemente de las últimas feministas pro huelga de vientres, pro huelga de úteros, anti-maternidad, que no he querido tener hijos, que celebro mi climaterio temprano, que aborté y me gustó y fue un alivio y lo reivindico, sostenga que debemos hacer todo lo posible para que no exista ni la más remota posibilidad de impedir que quien quiera parir una cría inviable, pueda hacerlo. Porque el aparato médico-legal se lo impida, o la conduzca a desear no parirlo. Nadie está pensando en los efectos a largo plazo que podrían tener leyes que inciden directamente sobre la autonomía, especialmente de las mujeres pobres; porque siempre se supone que si se detecta que tu cría no es “sana” lo mejor para todo el mundo es “no nacer”. Yo afirmo lo contrario: solo deberían nacer aquellos cuerpos que por el motivo que sea no van a contribuir al capitalismo, que no pueden alistarse en el ejército de los erguidos. A ver si el capitalismo se sostendría si nos fuéramos todas a la huelga humana (de género y de úteros), y solo quedaramos las parias discas, malformadas inviables que no pueden ir a trabajar.

Asimismo, suponer que una mujer sufre más si su cría es discapacitada es tan racista y clasista -por decirlo amablemente- como suponer que si las pobres tuvieran menos crías serían menos pobres. La pobreza es estructural y la discapacidad es un producto social. Cambiemos el mundo, entonces. Individualmente no se puede resolver. Me gustaría, en cambio, discutir la maternidad como cárcel porque como me enseñó Beauvoir sigo creyendo que la libertad comienza por el vientre, y es bueno que las jóvenes lo sepan tempranamente.


Sin embargo, no me consta, me digan lo que me digan, que la maternidad de una cría inviable o malformada sea más carcelaria que la de otra sin diagnóstico: este es EL argumento capacitista por definición.


El feminismo actual trabaja para las corporaciones y lo peor es que lo ignora. Si al menos fueran operadoras concientes, podrían pedir dinero a cambio. Conozco casos de reputadas feministas que acompañaron interrupciones desde plataformas supuestamente plurales y horizontales, de mujeres con síndrome de Down porque la familia de la señora con síndrome de Down no quería que la señora disca pariera. Luego hablan de consentimiento… Si una Down quiere parir, nos guste o no, hay que respetarlo y acompañarla. Si una mujer quiere parir una cría hidrocefálica, llevarla a su hogar, amamantarla hasta que muera y luego enterrarla, hay que respetarla y acompañarla (tal vez su duelo sea menos traumático si puede hacer eso). Si una mujer quiere comerciar con su compañía y sus genitales, hay que respetarla y acompañarla. No hay que contribuir en lo más mínimo a que el estado, ese títere de las corporaciones, tenga aún más injerencia en nuestras vidas privadas e individuales.

Y algunas que andan por ahí sueltas creyéndose muy “merchdelbien” deberían colocarse su traje diseñado por Hugo Boss, como siempre digo, si van a ser nazis, por lo menos vístanse elegantes (Hugo Boss diseñó los trajes de la SS). Creo que sería bueno que las blancas académicas, las que hacen dinero vendiendo la masividad de ciertos movimientos, se sinceren: son eugenistas, son capacitistas, por ende creen en cierta superioridad física y racial, que ellas supuestamente portan, y les parece correcto que no nazca gente Down y no les tiembla el pulso para llevar su proyecto a término, quieran o no la persona gestante involucrada. Y como ser disca es estar siempre un poco a merced de tu familia que te infantiliza y te incapacita, cagaste. Deberíamos negarnos, como nos negamos, a apoyar interrupciones de menores de edad que no desean interrumpir nada y apoyar como apoyamos a las menores de edad, con o sin el consentimiento de sus progenitores, cuando si quieren interrumpir.

Los libros Foucault para encapuchadas y Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres, de Queen Ludd Editora, se convirtieron en una suerte de manual para parte del feminismo. Si volvieras sobre los pasos de sus primeras ediciones, ¿qué cuestiones que se plantean en estas publicaciones revisaste y cambiarías?

—¿Posta? Me sorprendés… Yo sigo siendo tan pobre y tan maltratada y ahí está un libro tan exitoso… La próxima vez que cree un manual feminista voy a ser más cautelosa para hacerme con más dinero. ¿Será la piratería mal entendida la que me lleva a este cuadro? ¿Por qué no piratean los libros de Paglia que además de ser millonaria y no necesitar el dinero de la venta de sus libros, no está publicada en nuestro territorio? El feminismo debería de una buena vez hacerse cargo de sus deseos misóginos de linchar, abandonar o desaparecer a una de las suyas en vida: María Elena Oddone, quien importó el feminismo a esta región, con una inversión de su bolsillo producto de un buen divorcio, sobrevive anciana en la pobreza como costurera, el ostracismo y el ninguneo; Shulamith Firestone fue encontrada cinco días después de muerta sola en su casa tirada, luego de la locura y el escarnio social; Solanas murió en la pobreza y la demencia; Kate Millet fue perseguida hasta la ignominia por no dejar nunca de ser bisexual; Pat Califia -actual Patrick- y Gayle Rubin padecieron todo tipo de agravios solo por dedicarse al BDSM en aquel entonces lésbico pro sex; Monique Wittig tuvo que migrar a EE.UU. para tener trabajo gracias al lobby feminista heterosexual francés, que la dejó fuera de los circuitos académicos donde trabajaba tras la aparición de su ya clásico “El pensamiento heterosexual”; Camille Paglia es censurada en lengua hispana solo por no advenirse a las modas del feminismo. Pero Rita Segato dice cosas cada vez menos feministas y absurdas y es aplaudida… podríamos continuar.


El feminismo blanco, hegemónico, victimista, desempoderador, académico, merchdelbien, comicón (y esto también es interseccional: no toda académica es euroblanca, por ejemplo) no solo ha sido completamente incapaz de desarrollar una teoría radical de la sexualidad, ha sido completamente incapaz de desarrollar una praxis vital empática del apoyo mutuo y de la defensa personal.


Agustín Laje me trata mejor que la feminista promedio: me reconoce con nombre y apellido con 10 páginas en su libro entre Preciado y Butler, por supuesto que para intentar criticarme -cosa que no puede porque no le da el piné-, pero al menos me reconoce, me da entidad, me da nombre. En cambio, la jovencita Malena Pichot lo invita a debatir a su programa radial y no me invita a mí, al mismo tiempo, que soy la mencionada en el libro. Luego Laje, que como buen señor de la extrema derecha, está altamente ilustrado la descuartiza en vivo y en directo y la muchachita de las bromas anodinas no es capaz -no te digo de ganar el debate, no podría, tendría que estudiar y formarse-, de sostenérselo…. Y ahora Laje se promociona viéndose aún más genial y diciendo disparates sobre el feminismo radical de los 70 de cuyos nombres Pichot no estaba ni enterada. ¿Por qué? Sencillamente porque ella no me va a dar escenario, pese a que la única feminista argentina de su libro soy yo. De todas formas, reconocimiento, ya no espero. Al menos no en vida.

Todas sabemos, hasta las académicas que me dicen psicótica, como si fuera un insulto, que seré yo, no ellas, post-mortem. El feminismo actual empodera desempoderando, cree acriticamente en la posibilidad de un estado no corrupto, son cándidas operadoras inescrupulosas de un mundo que se va a llevar puesto todo empezando por lo más valioso, lo más vital y lo más frágil.

Ética amatoria tuvo que ver con una etapa muy divertida de mi vida. Es un libro que ya no me es de mucho interés porque entendí corporalmente que la propuesta del libro es vivible bajo ciertas situaciones en las cuales ya no me encuentro hoy. No reniego de él, incluso recomiendo a quien pueda intentarlo, pero es como cuando se le pide Rowland Howard, ex Birthday Party y Boys Next Door, que toque Shivers, es como tocar un cover… algo que ya no tiene que ver conmigo. Rescato y rescataré siempre la apelación a la soledad que tiene. Es menester construirse una soledad, de amantes, de afectos y para pensar, especialmente para todas las feminizadas, obligatoria o deseosamente.

En el barullo de la masa, sea el Encuentro Nacional de Mujeres o el Ni una menos, la Campaña o el Socorrismo, no se puede pensar más que lo que el Comité Central Invisible dictaminó. Tampoco creo, porque no soy ninguna resentidóloga, que mi fracaso personal demuestre esas ideas erradas o su opuesto acertado: la monogamia sigue sin parecerme la panacea de nada, solo que yo hoy tal cual me encuentro y en lo que me he convertido, no solo por Crohn, no podría vivir afectaciones sexo-afectivas múltiples y lo CELEBRO. Amor fati: mis deseos coinciden con mi destino. Tampoco puedo ser vegana, y no me siento menos anti-especista, supongo que los místicos ecologistas de la dominación natural no estarían de acuerdo. Con Foucault para encapuchadas me siento más afín aún. Aunque creo que lo próximo que escriba, algo que ya Games of Crohn: diario de una internaciónadvierte, será una gran crítica ya no solo a la heterosexualidad como régimen político, esa cloaca de la civilización capitalista, sino a la homosexualidad del pink washing, es decir a toda la gayfriendlitud y obviamente al feminismo, que ya no resiste el menor análisis y del cual es menester desagregarse.

Sobre la Editorial Queen Ludd, ¿qué es y cómo (o por qué) nace?

—Nace para independizarnos de las editoriales que siempre te roban, hasta en vueltos, que se promociona y se vende a sí misma como afín al feminismo, gracias a la publicación de buena parte de mis libros: en los malos tratos, en los vueltos que no vuelven (por ejemplo, vender un libro en euros pero liquidarle a la autora el porcentaje en vez de en euros en pesos), en personas que trabajan ahí que no deberían formar parte de ningún proyecto porque sus conductas son cercanas a las de abusadores. Por supuesto, como la misoginia es inmensa, el pato de la boda lo pagamos nosotras.

Queen Ludd es básicamente la libertad que da la independencia para empezar a intentar vivir de nuestros propios bienes. Cuando un editor quiere tener más renombre que sus autores, algo anda mal. Que vaya y escriba libros o que se luzca por su trabajo de edición. Y eso no estaba pasando. De hecho creo que buena parte de los malos manejos con esos libros han tenido que ver con alguien que ha hecho bastante para poner el palo/falo en la rueda de nuestro crecimiento porque fue, pese a lo que se cree, el primero que nos subestimó. Finalmente, ante la necesidad de no querer tener nada que ver con ciertos individuos penalmente denunciados que trabajan en la anterior editorial. Nos fuimos, y como vivimos de vender libros, nos fuimos con nuestros libros y nuestras ideas.

Parece que hacés muchísimas cosas, ¿qué estás desarrollando ahora y cuáles son tus proyectos para adelante?

—Ahora estoy terminando un mediometraje con Mala Víctima producciones llamado Cortá Acá sobre las filicidas, la huelga de vientres, y las malas víctimas. Un film experimental tipo Farocki, si Farocki pudiera pensar de la cintura para abajo. Pronto se lanza Enemiga Pública: disparos e interrogatorios, por parte de Ediciones del Signo, un libro de entrevistas que me han hecho en los últimos 10 años donde supongo es el lapso en el cual empecé a adquirir alguna relevancia. Y junto a Niña Guarra ediciones de la artista plástica Emilia Molina, estamos re-editando poemarios viejos que quedaron por ahí. Sigo entrenando siempre que me es posible, muay thai, jiu jitsu y nogi, porque entrenar nos hace feroces y libres; y porque mientras pueda lo seguiré haciendo. Y planifico mis próximos libros, que no son pocos e incluyen una novela, Adiós al feminismo.

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Me encantaría que eligieras un poema, el que quieras, por alguna razón o de forma caprichosa.

Pentesilea
(El curso. Mitología grecolatina. Ediciones Niña Guarra & Queen Ludd)

Demasiado buena para ser mujer
Demasiado hábil
Demasiado diestra
Demasiado Demasiado.

Ese arco
Esa flecha
que se clava
que se clava bien adentro
Mío
en el momento de tu muerte,
Pentesilea.

Debo matarte para que no te mueras
Debo matarte para poder hacerte mía.
¿Acaso querrías compartir conmigo de otra forma tu cuerpo virginal de guerrera?
¿Acaso, no sabés, Pentesilea, que en la épica no hay mujeres que aman a mujeres?

Te veo caer
como una pluma
Liviana tu gracia de golondrina
Herida
Moribunda
Agonizante.

Aun así te resistirás
como el león Penélope frente a los pretendientes,
Tendré que tomarte por la fuerza
como se toma todo en esta guerra
como se toman a las mujeres en esta guerra.

¿No lo sabés acaso, Pentesilea?:
Serás mía
aunque deba matarte.

 

*Por Redacción La tinta / Fotos: Florencia Di Tullio.

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