Nada de nosotras sin nosotras

Nada de nosotras sin nosotras

Leonor Silvestri no vive de “gracias”, vive de sus grupos de estudio y sus curso, es completamente autónoma y autogestiva y discapacitada legal aunque no se vea. Si estás mirando este video y queres aportar económicamente comunícate con ella a winona.free@gmail.com para hacerle un aporte. La solidaridad se demuestra en los hechos.
Alentá la autogestión, protege el trabajo informal no asalariado con tu apoyo… Muy amable.

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¿Cuántas veces en lo que va de este año tuviste que pensar en una muerte digna porque una vida digna ya no es posible ni a vos ni a alguien que querés? ¿Cuántas veces tuviste miedo de comer, o de viajar, o de enfermar? ¿Cuántas veces tuviste que lidiar con síntomas que no sabés ni de qué vienen ni qué son ni hacia dónde van ni qué los produce? ¿La medicación o la condición? ¿Cuántas veces tuviste que someterte a examen mental y elegir entre una medicación que funciona bien pero tiene muchos efectos colaterales o una que no saben cómo funcionaría en vos pero que supuestamente tampoco tiene efectos secundarios -excepto ese caso en letra chica como nota al pie que no forma parte de la estádistica y que oh casualidad el médico no te nombra-? ¿Cuántas veces jugaste a la ruleta rusa? ¿Cuántas personas conocés que jueguen a la ruleta rusa para salvarse? ¿Cuántas veces tuviste que ir al centro médico, mensualmente, como un impuesto que abonás para seguir con vida, un monotributo a la existencia? ¿Cuántas veces has temido estar más complicada que ahora mismo y por ende soportaste condiciones que no son aguantables? ¿Cuántas veces no pudiste seguirles el tranco al resto y tuviste que quedarte sola porque nadie te espera? ¿Cuántas veces no pudiste sostener el ritmo, apretar el paso, y pese a no tener ganas, te tuviste que echar a un costado? ¿Cuántas veces tuviste que explicar lo mismo y no obstante siguen sin esperarte ni entenderte? ¿Cuántas veces recordaste tu pasado reciente donde una infección de transmisión genital, una llovizna, o un poco de frío no te enviaban a internar por una semana al hospital? ¿Cuántas veces tuviste que hablar de la muerte, la tuya y la ajena, con tu gente, con tus afectos? ¿Cuántas veces alguien con todas sus buenas intenciones te hizo una pregunta entrometida acerca de tu salud por sana curiosidad, por hacerte ejercer la función pedagógica por nada a cambio, o por rellenar el aire, el silencio, el vacío y no tener nada de que hablar? ¿Cuántas veces una parte de vos estuvo en entredicho o fue tema de conversación intrascendente pese a ser parte fundamenta que decide tu existencia?

Me quieren hacer creer que en algún sitio allá afuera las mujers blancas, capaces, normales, no enfermas, bastante más hegemónica que yo en mis mejores días están consolidando una comunidad mientras se fortalece el mujerismo biologisista y esencialista, que cada día arroja al ostracismo de la necropolítica del que no se vuelve a discas y trans, que se ha desentendido de la discapacidad, de la enfermedad, de la vejez. Quién y cómo cuidará de mi, de nosotras quiero decir, lo mismo que de las personas ancianas, no ha sido una reflexión y lucha centrales de ningun de los feminismos de mi región en los últimos 100 años. A nadie parece llamarle la atención que se pueda adoptar un bebé siendo una pareja de mismo sexo pero que nadie desee amadrinar a una disca y subvencionarle la existencia, ayudarle a pagar la obra social aunque se sepa que por grandes períodos no nos es posible trabajar, si es que nos es posible. Tu enfermedad es tuya, tu discapacidad es tu culpa, y por ende es tu problema y tu responsabilidad individual… si no podés arreglartelas podés tener a bien morirte y dejar este mundo liberado de tu pesada carga de anormal. No estamos en su agenda, realmente, mas que como un hecho a evitar o a compadecer. En la medida que se apela todo el tiempo al modelo médico como paradigma de razón y cientificidad, el lugar de la persona enferma o con una condición, que somos en realidad potencialmente todas, cada vez mas reterritorializa los pares morales antitéticos normal/anormal, sano/enfermo, eficiente/deficiente, bien/mal; mientras la discapacidad y la enfermedad se convierte en tema de debate o motivo de estudio, nunca una voz con capacidad de auto-conocimiento con algo relevante para decir al respecto de si, mientras cantidad de personas con becas académicas abordan nuestro destino y hacen dinero de nuestros cuerpos, proxenetas de universidad, sin convidarnos ni una limosna de extraer dicha, diner, prestigio de nuestro padecimiento. Jamás somos un destino ineluctable y por ende abrazable, como la muerte, como el deterioro, como la delicadeza in more geometrico de lo que se va a apagando. Una planta de muchos años, un bosque hecho de composiciones y descomposiciones, la perra que se muere en los brazos de Teresa en la novela de Kundera. No somos poesía, no tenemos metáforas ni imágenes que nos asistan y nos construyan una bella muerte, una hermosa vejez, una enfermedad o una discapacidad convivible. Cohabitar el tiempo a merced del aparato médico cada minuto mas fortalecido por los feminismos que se apoyan en él para dirimir cuestiones tales como la interrupción voluntaria de un proceso biológico sin mayores dificultades que una extracción molar, aparato médico que decide quién nace y quién no, que participa en la toma de decisiones de quién no debe, ni puede, ser incluido por ende debe ser librado a su suerte individual, su responsabilidad, que conlleva la muerte. Ser una persona con una discapacidad significa también ser una persona discapacitada. Una persona sometida a los dictámenes del modelo médico rehabilitador, algunos insidiosos y subrepticios, de condiciones que no tienen ni rehabilitación ni corrección; otros, normalizantes. Discapacitadas una vez más. Culpables de nuestra enfermedad. Responsables de nuestra cura o mejora. Voluntariamente estamos donde estamos. Algo habremos, o no, hecho.

Pese a los encuentros con otras corporalidades del espectro conocido como diversidad o disidencia, las personas con discapacidad no podemos gritar tan alegremente “despatologización” sin que un sinnúmero de aporías y contradicciones sobrevengan. ¿Si no es una enfermedad, por qué enfermo, por qué me duele, por qué necesito asistencias y apoyos? ¿Si soy normal por qué el mundo no está arquitectónicamente dispuesto a hospedarme? Cuando todo criterio se resume en ser visibles, ser normales, ser deseables, estar incluidas, ser parte, comienzo a sentirme consumible, gestionable. Quisiera creer que mi existencia cuestiona por qué debemos ser deseables, en vez de proclamar soy visible, existo, mirenme, deséenme. Al fin de cuentas, la visibilidad se basa en el hecho de ver. No todo el mundo ve, o tiene ojos. ¿Te imaginás un mundo sin publicidad que te penetre hasta por los ojos, o realmente preferís un mundo donde “hasta por los poros” deje ser metáfora y haya publicidad de esas bostas que consumimos, obsolencia programada, hasta para personas ciegas? Una obviedad. Un poco de fealdad nos haría muy bien a todas, como dice Lewis Burton, “…por qué desear ajustarse y encajar en la sociedad cuando podemos ser sencillamente feas. La fealdad es una bendicion. Nos separa del condicionamiento social y es mas pura en una manera que la belleza como la conocemos en occidente.” ¿Por qué no se puede reclamar el derecho a la existencia desde la plancha existencial o acaso todo el mundo para merecer su porción de oxígeno y agua en este planeta tiene que poder dar cuenta de su valor como votante, como objeto de consumo, como imagen aspiracional, como éxito social, como ciudadana al servicio de su comunidad? ¿Realmente alguien aun cree que existe el mérito, que querer es poder?

Si pudiera volver a conocer a Judith Butler, a entrevistarla, le hablaría del video que grabó con Senaura Taylor. Quisiera que conversacemos acerca de la diversidad/discapacidad. ¿Podrá algún día la discapacidad ocupar el lugar del desparpajo, sin remordimientos, la gloria y el orgullo que ocupan otras identidades construidas desde la opresión? Deleuze decía que cuando no se puede entender hay que vivirlo, o algo así. Algo así entonces es lo que me ocurre cuando intento mostrar que no importa cuánto saquemos del closet una bolsa de ostomía, cuanto nos empoderemos en y con ella, la mierda que sale de un orificio en el abdomen y se guarda en una bolsa plástica nunca podrá ocupar el lugar del deleite y el jubilo de los cuerpos, incluso los diversos, y su lozanía. Pero si el de la afrenta, el de la ofensa, el de la repugnancia y el asco contra lo social, contra este mundo. Justamente, es por eso que nos celebro como enfermas. No quiero jugar a las olimpíadas de la opresión aunque existe un bingo de los privilegios. Pocos cuerpos hay que no gocen de los beneficios de algún régimen que oprime a otro cuerpo. No obstante tenemos ciertas certezas: no existe en el mundo una propuesta de ley que expresamente consigne, dando poder al aparato biopolítico, que ser identificada como mujer al momento de nacer pueda ser una causal de aborto, pero si la hay por inviabilidad extrauterina, sindrome de down (en Alemania hasta hoy, una ley ya establecida que permite realizarse un aborto de tercer trimestre si y solo si lo que se lleva en el útero es down), grave malformación. Es la misma certeza que tenemos de que no hay un heterosexual cis en este planeta que tenga como horizonte de expectativa temible pero posible terminar asfixiado por su propia ropa interior en una cita íntima.

Pienso, te hablo y te digo, Judy los cuerpos se mueven de diversas y singulares maneras. Muchos se ven incluso sometidos a procesos de normalización, corrección, o aniquilación debido al modo en la que se mueven: desde el bamboleo de la cadera o la muñeca quebrada, pasando por la forma en la que esa pierna protésica, o un collar ortpédico permanente o esa bolsa de ostomía hacen que nos incorporemos. No obstante no todos los cuerpos se ven sometidos a procesos de diagnóstico y patologización sin los cuales no podrían existir. ¿Acaso todo es despatologizable? ¿Acaso todos los cuerpos pueden exigir su despatologización? ¿Si lo hicieran, no sería acaso negar aquello singular que en mi reside y me constituye y por lo cual necesito apoyos específicos o podría morir? ¿Podemos las locas luchar por ser consideradas cuerdas? ¿Acaso lo queremos? La diversidad reclama para si la inclusión, el ser normales, iguales, como el resto, con salud. Todos los cuerpos se mueven de distintas y diversas maneras. Algunos usan sillas de ruedas para desplazarse, otros bambolean las caderas y taconean desde plataformas de dragqueen sobre el asfalto. Todo cuerpo que se subleve voluntaria o involuntariamente, cociente o inconscientemente al régimen de lo normal es susceptible de sufrir castigo, escarnio, censura, represión, control, normalización, corrección y por supuesto aniquilación. Pero ¿si todos los cuerpos se mueven diversos quienes son discas? O ¿por qué usualmente nadie que sea considerado cuerdo desea serlo? Porque mientras algunas corporalidades y sentires luchan por su despatologización algunas no dejaremos nunca de estar enfermas y no es metáfora, en el sentido de la cronicidad de lo que nos habita y nos impide salir, coger, ser deseadas, hacer la compra, comer, mear y cagar. No, señor Paul Preciado, el ano no es la panacea de lo democrático, no todo el mundo tiene uno, aunque queda muy pequebu del queer citarle sin pensar. Nuestros caminos, que tal vez en algún lugar se intersectan como encrucijada en otros se alejan porque si la afirmación de que todos los cuerpos se mueven de maneras diversas es cierta entonces por qué el resto debería considerar la especificidad de una corporalidad a la cual este mundo no se adapta.

Es cierto que el modelo social de la discapacidad, aquel que dio cuenta que no se nace disca sino que se llega a serlo en tanto y en cuanto hay una infraestructura social capacitista que construye la diversidad funcional como discapacidad, es aun hoy en la actualidad una respuesta contundente al modelo médico rehabilitador que impone muchas veces como tortura una correspondencia entre la singularidad de tal o cual cuerpo y el ideal regulatorio de normalidad y salud- Lo cierto es que el cuerpo nos duele, que el impedimento existe, que no todo siempre es social. ¿Que me molesta de Crohn? El capitalismo y su organización con sus restricciones estructurales, su estado Nazión, sus fronteras, su medicina inaccesible, su medicación impagable y subsidiada, no poder solicitar mis jeringas en cualquier dispensario de cualquier parte del mundo de manera libre, no poder viajar en avion sin cartas de especialistas en gastroenterología que me den permisito de tener mis jeringas en la cabina, no poder siquiera sacar seguros de viajero porque las enfermas crónicas no estamos aseguradas; molesta tener que presentar papeles para trasladar mis anticuerpos mono clonados anti factor de necrosis tumoral que no puedo retirar mas que un lugar específico de la ciudad donde vivo. Molesta que pregunten cuál es mi discapacidad porque no me veo enferma, no siempre. ¿Acaso no me molesta también estar en permanente riesgo de perforación, no poder hacerme un piercing, que las heridas no cicatricen, saber que mi muy vapuleado sistema inmune se puede agarrar cualquier cosa en cualquier momento, los efectos colaterales, compartir el mate y la bombilla, que la gente resfriada viaje al lado y no use barbijo, vivir con mucha gente hacinada en una gran ciudad, y tener miedo de mojarme porque un resfriado ya no es solo eso? Según parece y mal que nos pese no todo es estructura o infraestructura subsanable. No todo es social, cualquiera de nosotras y nuestras necesidades específicas, nuestros malestares contraídos y y desarrollados a la vera de nuestros diagnósticos y tratamientos, lo sabemos. Nos duele el cuerpo. Y si bien a todo el mundo le duele algo, no somos iguales, y ese igualismo no beneficia a quienes jamás, no importa a que tortura se nos someta, corresponderemos con el ideal regulatorio de la salud y la normalidad. La esencia singular de los cuerpos es su vulnerabilidad, su decrepitud, su envejecimiento. Por ende algún día todas seremos discas aunque aun no lo seamos hoy. Frente a eso, quienes editan sin consentimiento mis textos sin siquiera compartirme un porrito, ni que hablar de depositarme dinero o sostenerme el balde donde vomito y ayudarme a limpiar la cama que cago en medio de un brote, se preocupan acaso de como una mujer disca no solo hace la compra y su comida sino si tiene el dinero para hacerla? Se me ha excomulgado de la última iglesia: la de la fiesta de la revolución sexual y sus formas sexoafectivas libertarias que celebran el libre lucro de los bienes intangibles sin sostener en red y errancias a quien habilitó la movida. Porque la ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres tampoco incluye a las discas.

Mientras sea sanite

Quien tiene afición por los deportes de combate, conoce que no siempre se pierde porque la otra parte es mejor. A veces se pierden por el propio error, porque se plantea mal la estrategia. Si bien en la región desde donde este texto se escribe el feminismo en general y el movimiento de mujeres en particular sufre un momento de reterritorialización del esencialismo binario, lo cierto es que el inclusivismo asimilacionista de la corrección política ha enseñando, para lo bueno y para lo malo que eso tiene, que el sexo es una construcción política y que por ende desear que la cría por nacer sea de algún sexo es un error dado que podría cambiar de parecer con el correr del tiempo, podría ser de una asignación que no fue la otorgada al nacer por el estamento médico, o sencillamente ya no es una pregunta de rigor dado que hay tantos modos de ser prácticamente uno u otro sexo, o los que haya, como personas. No obstante, que sea sanito, sanita, sanite, sanitx. Porque no interesa cuanto el modelo social de la discapacidad haya revolucionado el modelo médico rehabilitador, nadie quiere un disca en la familia diversa que hasta llegó a entender que gordx igual enfermo es una manera de control. La discapacidad no forma parte de los deseos, ni de tenerla, ni de amarla. 5 años después de mi diagnóstico no puedo culpar a nadie por eso. Dejé detrás el romanticismo de la novedad de la invocación de las potencias.

La grave malformación fetal del proyecto de ley por el control estatal de los cuerpos que abortan en Argentina, que luego dio paso al eufemismo inviabilidad fetal extra uterina -¿qué vida es viable fuera de útero y hasta dentro de él en el bajo este sistema, esta subjetividad…?- solo dejaron el flanco descubierto, la guardia baja al crip washing para que todo el estamento cristianuchi pudiera obturar la posibilidad de acceso a un aborto no criminalizado tildándolo de eugenesia. Darle argumentos a quienes inventaron la selección humana, llenarles la boca con su porno inspiracional, es un error político de los mas catastróficos, tanto como dotar al estado de una nueva firmeza y otorgarle mayor injerencia en nuestro control corporal. Significa parar los golpes con la jeta. Si parir ya era parte de las tareas denominadas por amor, junto con criar; si la mujer doméstica es una construcción inquisiatorial concomitante con la creación de la infancia y el futurismo reproductivo del capitalismo, en qué momento pareció conveniente convertirnos no solo en deseosas y voluntarias fábricas andantes del ejército de reserva sino también en las gerentas de recursos humanos de la empresa que selecciona el personal apto en la necropolítica por el mismo nulo sueldo y elegir libremente. El enemigo jamás debería hablarnos. Deberíamos poder crear enunciados que resistan la asimilación tanto como el poder de ser usados ya sea en nuestra contra o por nuestros enemigos. Maternidad deseada o no será, pero de quién son esos deseos, a qué amo responden. El elegililsmo al poder, porque poder decidir en una góndola de deseos mas que gestionados es todo lo que importa, excepto que una sea trabajadora sexual autónoma especialmente -pero no únicamente- y entonces elegir tampoco…o excepto que sea una disca deseando una maternidad y una sexualidad, que no son lo mismo… entonces, se sabe, tampoco, y el fachogresismo, los nazis mal vestidos, la progredumbre, el merch del bien, y Bolsonaro se encuentran, ecumenicamente, mientras una esposa, su esposa, interpreta en lengua de señas el discurso presidencial de la democracia parlamentaria que otra vez vota nazis declarados. Discapacitada rima con incapacitada en el modelo múltiple de la opresión donde un mismo eje actúa de manera diferenciada si se trata de una mujer con diagnóstico o sin él: el mismo acceso al control sobre el propio cuerpo negado cuando se trata de una mujer sin discapacidad, coercinado y protocolar, forzado cuando se trata de una mujer con discapacidad. Hasta una lidereza del socorrismo acompañó la interrupción forzosa del embarazo de una mujer con síndrome de down que no deseaba abortar porque empatizó con la madre de dicha muchacha y no con la úterogestante. No exagero cuando digo que Jair está mucho más dentro y cerca de lo que la mayoría acepta.

La discapacidad desafía este mundo de trabajo, salud, lozanía, mundo humano, la justicia, el mérito, el talento, la belleza, la gloria de la juventud. La discapacidad se va a la huelga eterna de todo tipo incluso sin ella quererlo. Así es el acontecimiento. No se puede aspirar a él. ¿Cómo se hace para desear una tristeza solo porque existe la chance de invocar sus potencias? ¿Quién aprieta el botón de la bomba de Hiroshima para que pueda ser creada más luego la danza Butoh? La discapacidad demuestra que la potencia no se puede incrementar de manera individual, que un cuerpo ni su funcionamiento está condenado por la estratificación de sus órganos, la segmentarización del espacio público que lo inmoviliza, lo oculta, lo encierra. La diferencia entre la mejor vida que se pudo y la mejor vida posible. Mi angustioso amparo es ser la concepción ilegítima entre la tecnociencia y el así llamado mundo natural de las alteraciones y las mutaciones. Angustia que utilizo para desautomarizar la percepción capturada o construida por la hegemonía, para habitar una zona opaca de extrañeza. No nos alcanza con estar contra el capacitismo y su la biología que continua sin ser destino; es menester crear a partir del cuerpo una estética de la existencia anticapacitista que avale la identificación con la exclusión, esa cuyo sitio se nos dice erroneamente que no podremos ocupar nunca por ende nunca construimos una empatía radical de la intedependencia funcional. Sin protocolos, solo tendencias e intuiciones singulares.

El arte de volver a nacer desde el peor de los escenarios y producir alegría física desde las tristezas mas inconmensurables. Conquistar la soledad absoluta sin el aislamiento, una soledad no autónoma, no viril, una interdependencia funcional, simbiótica y empática entre flagrantes excluidas y las incluidas que serán excluidas, una red de arañas no parientes consanguíneas porque mientras reine el edipo y a propiedad, la sangre impondrá su absurdo infantilismo.