No estamos deprimidas, estamos en huelga.

No estamos deprimidas, estamos en huelga.

Basta con analizar la etimología de la palabra “trabajo” para entender a qué condena perpetua se nos ha sometido. Del latín tripalium, método de tortura específicamente para esclavos, durante la civilización romana. De quienes desean trabajar de lo que son o de lo que hacen, o ganar dinero haciendo lo que les gusta no vale la pena hablar porque ni realizar una tarea menos tortuosa que otras, o una que en un estado no mercantilizado cause placer, puede ser reivindicado a menos que se quiera reivindicar el trabajo, es decir el capitalismo. Decir que algún trabajo es bueno dentro del capitalismo es abonar sus lógicas. El trabajo, cualquier trabajo, y todos ellos, además de antia-natural es siempre fuente inagotable de explotación no solo de los seres humanos sino de todo lo que existe y como tal, es estúpido reivindicarlo solo porque algunas personas están sometidas-o someten- a condiciones de explotación menos desagradables que el común denominador.

La creencia religiosa en el culto al trabajo ignora que se trata de un principio social irracional de destrucción masiva, puesto que carece, como todos los elementos in more geométrico, de homeostasis. El trabajo como actividad forzada y forzosa y como lógica organizativa de lo que existe, no siempre estuvo ahí. De hecho, lleva menos tiempo de existencia que lo que los homínidos hemos existimos sin él. En nombre del trabajo, nuestro mundo humano se otorga el permiso, desde hace bastante antes que el capitalismo, de profanarlo todo. Hoy, en pos del progreso, el trabajo nos ha dejado el presente mas desolador que podamos haber imaginado nunca. La naturaleza, construida por el dispositivo trabajo, tras abandonar toda presencia y el mundo del encanto, toda posibilidad de vibración con lo que existe de forma inmediata, y así la posibilidad de una ecología donde los seres humanos no rigieran sobre los demás existentes puesto que la diferencia entre esferas como tal no existía, se ha tornado un conjunto de recursos a saquear, aunque las formas de vida bajo las lógicas del capitalismo son insostenibles hasta para quienes de él se benefician. El avance de esa manera de narrarse la historia teológicamente cuyo “hacia delante” está fundado en el saqueo colonial, el mas brutal y terrorífico de todos los que ha habido hasta el momento. El genocidio para perpetrar la construcción de las pirámides del antiguo Egipto parece un cumpleaños cuando se lo compara con la conquista de los territorios actualmente denominados latinoamerica o con las invasiones coloniales de principios del capitalismo hasta hoy.

Nuestro mundo esta dominado por el trabajo de principio a fin. Por ende una lucha contra el capitalismo, o al menos poder pensar un mundo sin él, como lo hubo antes, como puede que lo haya después, es menester que sea pensado como un mundo sin trabajo. La sociedad del trabajo define quién es humano, quién está incluido y quién no, método de control y organizador social, que traza las fronteras de las regiones y divide las poblaciones en clase, género y procesos de racialización. El trabajo es una forma de gobierno, un principio abstracto, una axiomática que lo domina todo, sin importar ni el contenido, totalmente independiente de los deseos, las necesidades o las voluntades. Solo analizar la población carcelaria a nivel mundial alcanza para saber qué proporcionalmente hablando hay más personas sometidas a los trabajos forzados propios de los espacios legales de privación de la libertad, esos campos de exterminio llamados cárceles, de lo que hubo nunca en ningún período esclavos en sociedades que no negaban su estatuto de economías sostenidas en la esclavitud. Pero, aparentemente, si la persona esclavizada atentó contra las lógicas de la organización del trabajo transgrediendo la sacrosanta propiedad privada, parece que causa menos conmoción esclavizar a alguien, como si esa esclavitud penitenciaria estuviera justificada por su pecado contra la propiedad privada a la que se nos dice que podremos acceder si accedemos voluntariamente a someternos a nuestro derecho/obligación, tortura esclava asalariada.

El falso orgullo de movimiento obrero también tuvo su cuota de complicidad con su identidad digna y glorificada por su esfuerzo por desmarcarse del crimen, la vagancia, el ocio. En vez de criticar la transferencia de energía humana en dinero como fin último de la existencia, se acepta la explotación propia y de lo que existe sobre la tierra como orden sin objetar su lógica. Cuando afirmamos que el trabajo organiza todo significa eso mismo, TODO, hasta sus luchas contra él en una militancia de corte institucional oenegeico, industriosa, rentada, profesional, academicista. Las vacaciones se toman para recargar pilas para la próxima paliza anual de año laborable, los fines de semana se descansa o se distiende en pos del trabajo de la semana siguiente. Asimismo, en las urbes hipertecnologizadas de los placeres-angustia no es posible hacer uso del propio tiempo libre -¿quiere decir entonces que nuevamente el poder no esconde nada y hay un tiempo esclavo, el del trabajo?- sin explotar a alguien más sin consumir o comprar algo, sea un bien, un servicio, el derecho a uso de un espacio. Y si bien el trabajo, como fenómeno antinatural, siempre ha sido, desde las primeras sociedades sedentarias agropecuarias, una tortura, dentro del capitalismo el trabajo más que nunca es un destino al cual se nos obliga a abonar por realizarlo. Monotributo. Porque en el sistema mercantil no se trabaja por dinero sino que se endeuda por trabajar. Somos mercancías gerenciandonos como marcas, exponiendo la glorificación de la miseria de una vida vaciada y miserable.

La igualdad ha convencido a las mujeres cis, y detrás a las trans, de que la única manera de revelarse contra la domesticación de la domesticidad a la cual se somete a las primeras y la exclusión que controla a las segundas es ingresando de manera profesional a la explotación uniforme del salario. Ya Emma Goldamn en La tragedia de la emancipación de la mujer de 1906 alertaba acerca de los riesgos de incluirse en la economía capitalista en pie de igualdad con los varones, es decir en pie de explotación, como carne de cañón o futuras patronas. ¿Cómo se podría desmantelar el sistema capitalista que se asienta sobre las infinitas tareas de cenicientas (cocinera, planchadora, sirvienta, ama de llaves, babysitter, gobernanta, asistente terapéutica, enfermera, psicóloga, trabajadora sexual, incubadora, ecónoma, administradora, contadora pública; por mencionar algunas de las tareas que debe realizar una dueña de hogar/ama de casa) haciéndolo crecer y alimentándolo con la sangre de la propia explotación? Una vez incluidas, las mujeres se dieron cuenta que las que trabajan fuera de su hogar, volverán a él a realizar las mismas tareas que antes -además de su trabajo formal y asalariado-. Nuevamente, la solución provista en el pacto de pareja heteronormada entre profesionales blancos es la explotación de una mujer más pobre, racializada, a la cual se le abonará menos de lo que ninguno de los miembros de la pareja gana por el servicio de realizar las tareas que el hogar demanda para sostenerse como tal mientras la pareja profesional accede a un mayor éxito. Pero hace rato que no se plantea la abolición del trabajo doméstico tanto pago como impago.

También el estado tiene su lugar en este orden como encargado de otorgar el marco de competencia mercantil, los arbitrarios fundamentos legales y los requisitos generales para el funcionamiento del mercado. Dado que el Estado solo puede sacar dinero de proceso de explotación para financiarse, si se agota la explotación se agotan sus finanzas. Por ende quién cumpla una funcional estatal, la que sea -de secretario a asistente, pasando por asesor o congresista, sin importar su extracción de origen o su filiación enunciativa -izquierdas lato sensu, todas y cada una- jamás luchará contra el estado y sus lógicas puesto que hacerlo le supondría su auto-anulación. Mejorar la explotación supuesta en el salario es una manera de mejorar el capitalismo, finalmente. Una lucha contra el capitalismo es una lucha contra sus instituciones de control político es decir económico. La economía como afectividad va más allá de la mera producción, distribución, consumo. ¿qué dinámicas sociales se generan, se reproducen, y se representan dentro y fiera de la dominación capitalista cuando se exige que el estado controle la vida?

Ni volver al estado de bienestar, que de todas formas tampoco existió en todos lados, ni tomar el poder electoral. Comprender que negarse al trabajo ya se de manera conscientete y activa, ya sea como excluido del sistema es una respuesta lógica a esta muerte en vida que se nos propone. Y sobre todo, tal cual dice el Grupo Krisis, ni dejarse machacar la cabeza por el mercado, ni dejarse administrar la vida por el Estado. Proteger, alentar, estimular las libres asociaciones informales.

Textos.

De la economía considerada como magia negra. Tiqqun

De la huelga salvaje a la autogestión generalizada Raoul Vanegeim

Manifiesto contra el trabajo Grupo Krisis

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