Parir es como cagar calabazas. Shulamith Firestone

Parir es como cagar calabazas

Leo Vidal, Valle de Punilla, 2018.

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El cuento de Shulamith Firestone debería contarse del final hasta su comienzo, desde hoy para atrás; porque habido en lengua hispana -o como sea que se diga hoy esta cosa que hablamos y leemos acá-pocos textos, pocas autoras más malinterpretadas y menos bien leídas que la susodicha y su intento innovador de repensar y objetar los esencialismos del útero supuestamente femenino y de la maternidad supuestamente subversiva.

Exponente de una etapa donde el feminismo era combativo, autónomo y autodidacta, Firestone, basándose, entre otros, en Philippe Aries, historiador de la edad antigua y medieval europea principalmente, miembro del equipo de investigación de Foucault, analiza el supuesto matriarcado como otra etapa del androcentrismo, de allí su maravillosa frase “ser objeto de admiración no es sinónimo de libertad” para aquellas feministas que abogaron y aun lo hacen por la diferencia que de acuerdo a estos enfoques depende de la capacidad reproductiva biologicista como punto de emancipación.

Para nuestra autora de tan solo 23 años en el momento de creación de este capítulo que figura en su libro Dialéctica del Sexo, la infancia es una construcción de la modernidad, junto a otros fenómenos solidarios con el capitalismo, como la familia nuclear. No es hasta nuestra era que la infancia se crea y con ella la dependencia directa de los poderes familiares esclavizantes que adiestra y adoctrina aquello que produce para aceptar toda la serie de sumisiones y servilismos que sobrevendrán a partir del nacimiento y del cual no se puede escapar hasta la mayoría de edad, si es que se puede alguna vez. Causa conmoción que una de las más originales y geniales filósofas autónomas del feminismo en un intento por deconstruir la idea de que “las mujeres y los niños primero” es la panacea de la libertad, se vea utilizada, en nuestro tiempo, a favor ya sea del avasallamiento sexual de las personas jóvenes, ya sea como incitadora a tal hecho, si se tiene en cuenta que Firestone sigue a Aries en la idea de que durante la edad media la infancia no habría existido, quien nunca ha sido acusado de nada, y que tan solo se trata de un intento de pensar por fuera de las lógicas feministas que depositan devocionalmente confianza en la biología, mucho antes de que Foucault hubiera instituido que el sexo es un dispositivo. De hecho, y para que no queden dudas de que meterse con el dispositivo sexo, familia, sexualidad reproductivista e infancia es un deporte de riesgo, quien consulte en ese pozo liberado de las vanidades llamado Wikipedia en Español encontrará a esta autora mencionada como exponente de la “pedofilia” en el feminismo con una cita de autoridad de alguna universidad católica castiza. Por si alguna persona por ahí desprevenida aun cree en todo lo que se dice en las pantallas de led acerca de las mujeres con ideas fuera de la norma, como el caso de Firestone, invitamos a googlearla.

Habiendo padecido, como todas, en ultima instancia, los embates de la vida familiar, judía ortodoxa, Shulamith afirma que el desarrollo de la familia moderna y nuclear supuso la descomposición de formas sociales mas amplias integradas y moleculares para sujetar toda la vida a pequeñas unidades autónomas legisladas estatalmente, por nuestro propio bien. Así desde juguetes hasta escuela ayudan a sujetar a la infancia creada y desposeída de toda su capacidad de independencia frente a esos poderes parentales y estatales. Como en Calibán y la Bruja, de Silvia Federici, y su tesis de que la figura de la la anciana sabia/“bruja”/mendiga cae para que se alce la figura de la madre nutricia/mujer a cargo de la crianza y el hogar, Firestone, hace hincapié en que hubo otra temporalidad y otra forma de organizarse donde la mujer no era la rehén en eterna poseción junto con sus crías del rol naturalizado de reproductora y criadora. En sus análisis, las mujeres y sus crías se constituyen como una clase inferior, mientras se expone a las madres al shampoo mediático de que parir, criar, tener familia es lo mejor que puede pasar y aquello a través nos vemos realizadas en vez de analizarlo como otra mas de las muchas capturas a las cuales estamos sometidas voluntariamente.

Los ecos de la distopía proto cyberpunk -el punk no había sido aun inventado, prácticamente tampoco el género cyber- de la abolición de los géneros y de la reproducción generizada reproductivista heterocoital de de Firestone no dejan de resonar en autores mas recientes como Lee Edelman y su No al futuro, en la advertencia de la infancia y la niñez como la encarnación viviente de la felicidad, junto a la pareja que le produce, controlando así no solo las sexualidades disidentes no reproductivas ni reproductoras a través de la rubicunda figura de un bebé angelado; o en el ya clásico Manifiesto Contrasexual de Preciado. Ese misma infancia que se nos invita a proteger y/o a liberar es ya la producción de una sociedad, no tiene nada de natural no mediado. Por el contrario, funciona como aparato de captura y dispositivo de control de todo lo no reproductivo sexualmente atípico, convoca toda la persecución del terror sexual hacia formas de vida para estatales, y expropia todas las potencias que una persona de menos de cierta edad pueda llegar a contar para defenderse o ejercer su agencia. Por eso, no sin una cierta inocencia y confianza en la tecnología como espacio neutro, temática que rara vez suele ser criticada en esta autora, se la suele lapidar por atreverse a negar el útero como centro del poder femenino, por atreverse a concebir la feminidad como condición infantil de la cual en alianza políticas con las crías hay que liberarse. Si la reproducción biológica es el problema, Shulamith propone suprimirlo y establecer como sistema general de reproducción la reproducción mediada artificialmente.

Pero en el mundo sororal y patriarcal, se paga un alto precio por salirse del espacio de las iguales, por cuenta de una y tan tempranamente. Firestone es otra de las tantas que los feminismos han dejado tiradas literalmente: luego haber sido una de las rutilantes estrellas del norte del feminismo radical, se aleja de la vida pública tras cantidad de enfrentamientos y entreveros con muchas que aun gozan de salud y dinero, y es dejada en banda por esa sororidad mas o menos a su suerte, con problemas de los que la gente que cree en la enfermedad suele llamar “salud mental” tales como brotes psicóticos y esquizofrenia. Shulamith muere, tras años de ostracismo e idas y vueltas psiquiátricas, sola a los 68. El olor que el cuerpo desprendía bajo la puerta alertó a los vecinos que llamaron a su hermana y confirmó una muerte natural, si es que hay algo natural (no por nada su querido Aries también se dedicaba al estudio de la muerte en Occidente).

Y así como solo se accede a su pensamiento, insistimos, en lengua española, -cuando se accede y no es lisa y llanamente no leída o completamente marginalizada y desconocida por utopista distópica intempestiva-, ya sea para postular que el feminismo apoya el abuso sexual infantil ya sea para demostrar que el avasallamiento de las sexualidades jóvenes no existe -cuando bien es sabido que denunciar y combatir la familia y sus atropellos ha sido en algún momento alguna de las tareas del feminismo antes de su total homogeneización y achatamiento- Firestone es en la actualidad exponente de estas dos desgraciadas tendencias que en nada han tenido con su pensamiento y escritos, ni su vida, y que esta breve publicación pretende sacar a las calles para su discusión crítica, que nada tiene que ver con el descrédito que las envidias producen sobre las figuras que se salen de todos los marcos.

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