Rote Zora: Feminismos de armas tomar. Las antepasadas que te hagan más libre.

Rote Zora: Feminismos de armas tomar. Las antepasadas que te hagan más libre.

Leo Vidal. 2018

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En tiempos donde sostener un proyecto entre más de 2 personas sin rencillas internas y debates improducentes por más de un mes parece un sueño; donde las relaciones de amistad política no sobreviven al más mínimo doblez sin quebrarse; donde ser feminista profesionalizada, rentada, activista, modelo publicitaria, o actriz es exactamente lo mismo, o peor, da igual; donde la competencia entre mujeres feministas para probar quién es la más feminista es más encarnizada que entre esas mujeres que las feministas dicen carecen de conciencia de genero y clase; y donde el maniqueismo y las envidias es bien capaz de traicionar con la delación y la entrega a los aparatos represivos; el proyecto revolucionario de las míticas y anónimas Rote Zora, las zorras rojas, con 20 años de acción directa más o menos no pacífica, manifiestos y teorización parece una quimera o un fenómeno irrepetible de otro mundo. Pero pasó en este. Y no hace tanto.

Es dificil empezar a desgajar a Rote Zora, ese nombre parlante y compartido, que nunca sucumbió subyugadas alguna de ellas por ser la solista de la ópera. Sin duda existe una frase, tan ajena y distinta a los feminismos legalistas, punitivos, profesionalizados y hegemónicos de hoy que las definen y que probablemente de aquí a poco será considerada bullying o se le pedirá un trigger warning pero que ellas usaban para afirmarse políticamente: “la impotencia es el disfraz de la cobardía”, de un feminismo amazónico de guerreras armadas que no encuentran horizonte político en pedir perdón y permiso y que gestaron espacios seguros entre ellas pese a la inseguridad a la cual se lanzaban en agenciamiento con el elemtno criminal que las habitaba. Con ese anatema en mano erradicaron la idea de diálogo ecuménico tipo Naciones Unidas que hoy en día envuelve todo lo sea de color púrpura, o casi. Asimismo, se nutrieron no siempre de las alianzas más prístinas pero si las más estratégicas para amalgamar la luchas que no siempre parecían asemejables en el imaginario feminista. Luchar dentro y luchar fuera, de la fábrica, de la familia, de la prisión, y estar armadas con la pluma, la bomba y el exceso de sagacidad. Cumplir así el sueño de ser compañeras en la lucha por la toma del poder real, es decir, el poder directo de ser capaz de responder.

Así, sin legitimar el rol histórico de víctima pacífica que la mujer suele ocupar en neustros imaginarios, Rote Zora comprendió antes que mucha conceptualización teórica post-estructuralista viril, que la paz es una forma de gestión política, una subjetividad que involucra, justamente como estamos hoy, el hacer carrera dentro de las estructuras de poder patriarcal como liderezas de la participación de las ciudadanas. Para ello, impidieron que sus demandas fueran utilizadas para pedir igualdad derechos o que todo quede reducido a la visibilidad, esa trampa, porque la ruta legal es insuficiente dado que la represión es habitual y las estructuras de violencia son legales.

Pero no solo su autodeterminación, su autonomía, las pocas bajas -en realidad ninguna- o pocas judicializaciones, llaman la atención del grupo; sino también su lucidez intelectual que acompaña a sus acciones directas con panfletos, manifiestos y escritos -rasgo que las suele distinguir de otros grupos- que al día de la fecha son de avanzada como ser el desarrollo conceptual anti bio tecnología y clasificación humana eugenista que acompañó los atentados contra los laboratorios de screening prenatal y selección embrionaria de genética de Alemania. Rote Zora piensa diferente: las mujeres no solo han sido históricamente las encargadas de reproducir la mano de obra, sino que además son las encargadas de gestar obreros utilizables, y de abortar, so pretexto de muchas ideas del bien, a los inútiles, en una suerte de responsabilidad extra como gerentas de recursos humanos de la fábrica donde los úteros son presos. Proxenitismo actual, médicos, violencia obstétrica, cesión de hijos de mujeres marginalilzadas a familias burguesas, ligazón de trompas, todo forma parte del mismo plan ya comenzado en Europa con la caza de brujas: hacerse con el poder de reproducir de las mujeres y el poder de interrumpir esa producción. Quitarle a las mujeres esa capacidad, y convencerlas por el camino de que a esta tarea extra de selección de personal es por su propio bien y deseo y su propia responsabilidad natural.

Asimismo, esta capacidad de pensar mientras se realizan acciones directas abre la puerta para poder conceptualizar filosofía desde la barricada en relación a las formas de vandalismo y los atentados, manifestaciones usualmente expropiadas de las manos a las mujeres occidentales para dejarlas como características barbáricas de lo que una buena feminista No debe ser. La práctica activa de la violencia o de la violencia activa es liberadora según este grupo y modifica las relaciones no solo con el entorno sino entre ellas mismas. Tal vez haya sido porque no le temían que lograron no delatarse cuando las papas quemaban ni romperse ante discusiones que no venían a cuento, o mantenerse cohesionadas y moleculares.

El tiempo no se puede volver atrás y sin duda Rote Zora fue parte de un clima epocal que Europa no vuelve a sentir de su lado mas occidental, orientado como está todo su activismo y proclama a visibilidad, diálogo, instituciones, profesionallización, buenondismo buenrollista, no violencia pacivista. Pero la voz de la nueva mujer que en la propaganda por el hecho, a la vieja usanza, donde las palabras no bastaron y se tuvo que pasar a la acción con una intersecccionalidad efectiva que no es un mero enunciado de universidad gringa pequebu del queer, donde putos, negros, proletarias, parturientas, presxs, y demás, fueron aliados políticos todavía resuena, no para imitar su gesta inigualable sino para si saber que antes del #metoo o el #sheforhe de Emma Watson había vida conciente feminista combativa por fuera de y contra las estrechas formas de la legalidad.

Algunas sí lograron un feminismo de armas tomar, vandálico, anónimo, vindicativo, no personalista y revolucionario. Es bueno saberlo cuando nos quieran convencer de lo contrario.

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