(Parece que) Si no puedo hostigar no es mi revolución

(Parece que) Si no puedo hostigar no es mi revolución

Me he tomado la licencia de llamarla Leo con toda la confianza y desde siempre. La admiro, la quiero, me gusta y creo que es necesaria. Todxs tenemos un límite y ellx se cansó. Del maltrato, del escrache, de la no sororidad, del hostigamiento, del aprovechamiento, del no respeto y de toda la mierda que, muchas veces, promovemos o proyectamos muchxs de nosotrxs.
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No es fácil ser una mala víctima, sobre todo si eres incómoda y se mira con lupa todo lo que dices y escribes. No es fácil estar en el punto de mira de manera continua como consecuencia de “ser quien eres” y decir lo que te nace, producto del estudio y de meter horas. Necesitamos a Leo para aprender a decir Adiós al feminismo más rancio. Ese que te pisotea y te hace mierda, que es capaz de dejarte sin fuerzas. Ese feminismo que no aporta más que basura y que, a su vez, te roba tu trabajo.

Yo misma he querido decir Adios al feminismo, alejarme de tanta mierda, entregar el carnet y perder de vista a la policía de la moral porque paso y porque me da asco. Pero no soy tan valiente. Por eso, referentes como Leo son necesarios. Esxs que te follan la cabeza y te someten las ideas. Te hacen enojar, te hacen repensarte, cuestionarte y preguntarte. Desde luego ese es el feminismo en el que creo, el que me permite y me deja ser (libre). No es fácil estar al margen del margen, fuera de las que están fuera. Es necesario plantar cara al feminismo más rancio y alejarse de él.

No es coherente izar la bandera de la sororidad mientras maltratamos a la que no escribe lo que queremos leer o a quien dice lo que no estamos dispuestas a escuchar. El mundo necesita a Leo porque enseña a pensar. Ese mismo mundo que la necesita es el que la somete y la hace mierda. Es difícil mantener la guardia cuando no dejan de entrar golpes. Se te acaban las pilas, se te agota fuerza, se bajan los brazos y la falta de oxígeno no te deja seguir. Afortunadamente, y digo esto por puro egoísmo, Leo sigue en guardia y, quienes se han subido a un ring, saben que allí se sube solx y que, para subirse, se necesita valentía. No suelo alegrarme del fracaso ajeno pero, en este caso, haré una excepción y celebro que sigas dando guerra, Leo. Porque se te quiere, se te extraña cuando no estás y se te lee y escucha cuando queremos crecer.

texto de Florencia Arriola Fernández

 

 

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